Nueva York, 4 de abril – Las pantallas rojas dominaron Wall Street. A las 8:45 a.m., el Dow Jones ya perdía 1,463 puntos, arrastrado por el fantasma de una guerra comercial total. No era una corrección normal: era el peor día bursátil desde la pandemia, y el culpable tenía nombre y apellido: Donald Trump y su nueva oleada de aranceles.
“Esto es un terremoto financiero”, gritaba un corredor en el piso de la Bolsa de Nueva York, mientras el Nasdaq se desplomaba 4.8% y el índice de pequeñas empresas (Small Cap 2000) se hundía 6%. Pero el pánico no se limitó a EE.UU.: en Frankfurt, el DAX alemán caía 5.2%; en Londres, el FTSE 100 perdía 5%. Hasta el Bovespa brasileño tembló (-3%), confirmando que ningún mercado estaba a salvo.
Los commodities tampoco escaparon. El petróleo WTI se derrumbó 9%, el cobre (termómetro industrial) 8%, y la plata 7%. “Los aranceles estrangularán el comercio global”, advirtió una analista de Goldman Sachs, mientras el peso mexicano se depreciaba hasta $20.51 por dólar, su peor nivel en meses.
El índice VIX (“del miedo”) saltó 37%, alcanzando 41.17 puntos, un umbral que suele preceder crisis. ¿La razón? Los inversionistas huyen de activos riesgosos, anticipando que los aranceles de Trump a México (25% en autos) y China (34%) paralizarán las cadenas de suministro.
Mientras los gobiernos buscan contener el daño, los traders ya bautizaron este día como el “Viernes Negro de los Mercados”. Y aunque algunos esperan un rebote, el mensaje es claro: la era del proteccionismo ha regresado, y el mundo pagará el precio.
