El 3 de septiembre, Beijing se convirtió en el epicentro del poder y la memoria. En la imponente Plaza de Tian’anmen, bajo un cielo despejado y rodeada de estructuras simbólicas en forma de la Gran Muralla, China realizó su Gran Desfile Militar para conmemorar el 80° aniversario de la victoria en la Guerra de Resistencia contra la Agresión Japonesa y en la Segunda Guerra Mundial. Un evento cargado de historia, fuerza y diplomacia, que reafirmó al gigante asiático como una potencia global con vocación de paz.
El presidente Xi Jinping, también líder del Partido Comunista de China y comandante supremo de las fuerzas armadas, supervisó el desfile con presencia imponente. A su lado, en la tribuna de honor, se encontraban figuras clave del escenario internacional: Vladimir Putin, presidente de Rusia, y Kim Jong-un, líder de Corea del Norte. Además, 20 líderes extranjeros y representantes de naciones aliadas durante la Segunda Guerra Mundial, como Estados Unidos, Reino Unido, Francia y Canadá, fueron invitados como gesto de reconocimiento histórico.
El desfile no fue solo un espectáculo de fuerza, sino una poderosa declaración simbólica. Helicópteros sobrevolaron la plaza sosteniendo pancartas con mensajes como “la justicia prevalece”, “la paz prevalece” y “el pueblo prevalece”. Una formación de 80 banderas honró a las unidades militares heroicas de la guerra, recordando que China fue el primer país en resistir al fascismo, desde 1931, con una lucha que duró 14 años.
Más de 10,000 militares marcharon en formación perfecta, acompañados por más de 100 aeronaves y cientos de vehículos blindados, artillería y sistemas estratégicos. Lo más llamativo fue la exhibición de tecnología de punta: misiles hipersónicos, drones avanzados, armas de energía dirigida y sistemas de guerra electrónica, muchos de ellos desarrollados tras las profundas reformas militares impulsadas por Xi Jinping. Este fue el primer desfile en mostrar el nuevo sistema integrado de servicios y armas del Ejército Popular de Liberación, fruto de una modernización acelerada con miras a lograr la esencia de la modernización militar para 2035.
Xi Jinping pronunció un discurso solemne antes del desfile. Destacó que esta victoria marcó “la primera derrota completa de China frente a la agresión extranjera en la era moderna” y subrayó el inmenso sacrificio del pueblo chino: 35 millones de muertos, aproximadamente un tercio del total de bajas mundiales en la Segunda Guerra Mundial. “El pueblo chino salvó la civilización humana y defendió la paz mundial con sangre y vida”, afirmó.
En un momento de tensiones geopolíticas globales, el presidente chino envió un mensaje claro: “La humanidad enfrenta nuevamente la disyuntiva entre paz y guerra, diálogo y confrontación, cooperación o juegos de suma cero”. Reiteró el compromiso de China con el desarrollo pacífico, pero también dejó claro que posee la capacidad para defender la paz: “Tenemos la fuerza para proteger lo que nuestros ancestros conquistaron con su sangre”, dijo, citando al soldado Shao Xiaoguang, veterano de misiones de paz en África.
El momento más viral del evento fue la imagen del trío de líderes —Xi, Putin y Kim Jong-un— caminando juntos por la plaza, un símbolo de alianzas estratégicas en un mundo en transformación. China, con este desfile, no solo honró su pasado, sino que proyectó su presente como una potencia tecnológica, militar y diplomática con un papel central en el futuro del orden mundial.
