El Grito Anticorrupción: Sheinbaum Proclama el Fin de la Era de los Privilegios
Bajo la mirada de miles de mexicanos que colmaron el Zócalo capitalino, la presidenta Claudia Sheinbaum lanzó un mensaje que resonó como un parteaguas histórico: en el México de la Cuarta Transformación, la corrupción ha dejado de ser una práctica tolerada para convertirse en un delito que se paga ante la ley. Con palabras cargadas de simbolismo, la mandataria trazó una línea divisoria entre el pasado neoliberal y el presente transformador.
“Los conservadores quisieran que olvidáramos cómo se vivía antes, rodeados de lujos, gobiernos alejados de la gente, fortunas construidas al amparo del poder público”, declaró Sheinbaum, evocando una época que, según su relato, pertenece ya a los anaqueles de la historia. “Pero eso se acabó, porque en este México nuevo la honestidad no es la excepción, es la regla, y quien traiciona al pueblo, quien roba al pueblo, enfrenta la justicia”.
El discurso, pronunciado durante la conmemoración de su primer año de gobierno, se transformó en un manifiesto sobre el nuevo ethos de la función pública. “El dinero público no es para enriquecerse. El poder es para servir con humildad”, afirmó, estableciendo una filosofía de gobierno que contrasta radicalmente con lo que describió como “la oscura noche del neoliberalismo”, período entre 1982 y 2018 donde, según su caracterización, los gobiernos actuaban “sin convicciones y solo en función del dinero”.
Pero la presidenta no se limitó a las declaraciones principistas. Apeló a los números para sustentar su argumento: “En 2008, la pobreza alcanzó al 45 por ciento de la población mexicana, ese fue el rostro de la injusticia, de la corrupción y de los privilegios”. Frente a este panorama heredado, Sheinbaum destacó un logro concreto: “Actualmente la pobreza se ubica en 29 por ciento”, lo que significa que “entre 2018 y 2024, 13.5 millones de personas salieron de esa condición”.
La conclusión de la mandataria fue tan contundente como desafiante: “Ese logro, aunque quieran, no lo podrán borrar ni las campañas de odio, ni la mentira, ni la calumnia. Es un hecho irrefutable”. Una afirmación que selló no solo un balance de gobierno, sino una promesa de que el camino de la transformación es irreversible.
