Ante presiones de EE.UU., la presidenta Sheinbaum defiende la estabilidad del tratado comercial y descarta cambios apresurados, aunque reconoce diferencias en sectores clave
Ciudad de México — En un momento de creciente tensión comercial entre socios del norte, la presidenta Claudia Sheinbaum lanzó un mensaje claro y firme: el T-MEC no es un acuerdo negociable a conveniencia, sino una ley vigente en los tres países. Durante su conferencia matutina del 8 de octubre, la mandataria mexicana reafirmó que cualquier modificación al Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá requeriría “una revisión muy profunda”… y que, por ahora, dicha revisión “todavía no se abre”.
Las declaraciones llegan en medio de rumores sobre presiones del gobierno estadounidense —especialmente desde sectores industriales y figuras como el senador Marco Rubio— para ajustar cláusulas del tratado, particularmente en sectores sensibles como el automotriz y el acero. Sheinbaum reconoció que Washington ha planteado cerca de 50 puntos que considera “problemas de México” en la implementación del acuerdo. Pero matizó: “Muchas de ellas se están aclarando, porque no necesariamente es la visión que ellos tienen”.
Lejos de asumir una postura defensiva, la presidenta proyectó optimismo. “La mayor parte del Tratado se está respetando y creemos que nos va a ir bien”, aseguró, subrayando que México cumple con sus obligaciones comerciales y que las diferencias se resuelven mediante diálogo técnico, no con amenazas.
En un matiz estratégico, Sheinbaum señaló que no todas las discusiones futuras tendrán que ser trilaterales. “También puede ser que en el proceso de revisión haya reuniones bilaterales”, explicó, abriendo la puerta a conversaciones directas con EE.UU. o Canadá sin necesidad de coordinar los tres países en cada tema. Esta flexibilidad podría ser clave para desactivar roces puntuales sin poner en riesgo la estructura general del tratado.
Más allá del comercio, la presidenta destacó que en materia de seguridad existe “un buen entendimiento” con Estados Unidos, siempre bajo el principio no negociable de la soberanía nacional. Este enfoque fue reforzado durante su reciente encuentro con el secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, con quien —según Sheinbaum— se estableció un diálogo basado en el respeto mutuo.
El T-MEC, vigente desde 2020, sustenta un intercambio comercial que supera los 1.5 billones de dólares anuales. Para México, más del 80% de sus exportaciones dependen de este marco legal. Por eso, cualquier señal de inestabilidad genera alarma en el sector productivo. La postura de Sheinbaum busca precisamente tranquilizar a inversionistas y empresarios: el tratado está sólido, las reglas son claras y México no cederá a presiones unilaterales.
“No se trata de confrontación, sino de cooperación con dignidad”, pareció decir entre líneas la mandataria. Y en un mundo donde los bloques comerciales se reconfiguran a toda velocidad, esa dignidad podría ser el activo más valioso de la política exterior mexicana.
