Mientras el lodo cubre calles, un logo brilla en el escenario: la polémica que divide a México
El 16 de octubre, mientras helicópteros militares lanzaban despensas en comunidades incomunicadas de Hidalgo y Veracruz, y miles de familias seguían sin electricidad ni acceso a sus hogares, el Partido Acción Nacional (PAN) eligió ese mismo día para hacer algo que, según la presidenta Claudia Sheinbaum, revela su verdadera esencia: relanzar su imagen con un nuevo logo, una campaña de marketing y una marcha multitudinaria.
Desde la Mañanera del Pueblo, Sheinbaum no ocultó su indignación. Con tono firme y palabras contundentes, calificó la decisión del blanquiazul como un acto de “muy poca sensibilidad” y, peor aún, como una muestra de “falta de amor hacia el pueblo”. “Hay decenas de miles de familias damnificadas, con problemas, y en medio de eso se hace un relanzamiento de un partido político. ¿Podrían haber esperado 15 días?”, cuestionó la mandataria, visiblemente molesta por el contraste entre la gravedad de la emergencia y la teatralidad del evento panista.
Para Sheinbaum, no se trata solo de un error de timing, sino de una declaración simbólica: “Eso habla de su visión y de su lejanía con el pueblo. Habla mucho el día que lanzan”. En su visión, el PAN —históricamente asociado a la élite urbana y conservadora— demuestra, una vez más, que sus prioridades están desalineadas con las necesidades reales de la ciudadanía.
Y fue aún más lejos: desestimó por completo la relevancia del “nuevo rostro” del partido. “Es un relanzamiento en el mismo lugar y con la misma gente”, afirmó, aludiendo a que, pese al cambio de logo, los rostros, discursos y estructuras de poder siguen siendo los mismos que, en su opinión, ya han perdido credibilidad ante la sociedad. “Están desprestigiados”, sentenció, sin titubeos.
La crítica no es solo política, sino moral. En un momento en que el gobierno federal moviliza a miles de trabajadores, cientos de máquinas y decenas de helicópteros para salvar vidas, cualquier acto que parezca prioritario para un partido —más allá de la solidaridad— se convierte en blanco de rechazo popular. Y Sheinbaum lo sabe. Su mensaje va más allá del PAN: es un recordatorio de que, en tiempos de crisis, la empatía es la primera forma de liderazgo.
Mientras tanto, en redes sociales, la polémica crece. Unos defienden el derecho del PAN a reorganizarse; otros ven en el evento una muestra de desconexión elitista. Pero en las calles anegadas de Poza Rica o en los cerros aislados de Hidalgo, nadie habla de logos. Hablan de cómo recuperar lo perdido… y de quién realmente los escucha.
