La presidenta Claudia Sheinbaum reafirma su compromiso con la salud femenina al promover mastografías anuales en el marco del Día Mundial contra el Cáncer de Mama.
En medio del simbolismo del “mes rosa”, la presidenta de México, Claudia Sheinbaum Pardo, tomó la palabra desde Palacio Nacional el martes 21 de octubre —un día después de la conmemoración del Día Mundial contra el Cáncer de Mama— para enviar un mensaje claro y personal: la prevención salva vidas. Durante su habitual conferencia matutina, respondió a cuestionamientos de la prensa sobre las políticas públicas en torno a esta enfermedad, que sigue siendo la principal causa de muerte por cáncer entre las mujeres mexicanas.
Con una mezcla de testimonio íntimo y política de Estado, Sheinbaum no solo reiteró el compromiso gubernamental con la detección temprana, sino que compartió su propia rutina de salud: “Como todas las mujeres, hay que acudir por lo menos una vez al año”, afirmó. Aunque reconoció que la Organización Mundial de la Salud (OMS) sugiere mastografías cada dos años para mujeres sin factores de riesgo, explicó que en México se ha optado por una estrategia más proactiva: impulsar revisiones anuales como medida preventiva adicional.
“En mi caso, me la realizo cada año”, confesó la mandataria, humanizando un tema que muchas veces se percibe como distante o técnico. Su testimonio no fue solo simbólico: sirvió para respaldar una política concreta. El gobierno federal, aseguró, está trabajando para garantizar que haya suficientes mastógrafos y personal capacitado en las unidades de salud pública, especialmente en zonas marginadas donde el acceso a estos servicios ha sido históricamente limitado.
El cáncer de mama no discrimina, pero sí castiga con mayor severidad a quienes carecen de acceso oportuno a diagnóstico y tratamiento. Por eso, durante octubre —el “mes rosa”—, instituciones públicas y privadas intensifican campañas de concientización que van desde la autoexploración hasta la promoción de chequeos médicos regulares. La administración Sheinbaum ha hecho de esta causa una prioridad nacional, no solo por su impacto sanitario, sino por su dimensión social y de equidad de género.
Más allá de los discursos, los números hablan: cada año, miles de mujeres mexicanas pierden la vida por un diagnóstico tardío. Pero con infraestructura adecuada, información clara y voluntad política, es posible revertir esta tendencia. La presidenta lo sabe. Y lo demuestra, año con año, frente al mastógrafo.
