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EE.UU. y China sellan tregua comercial con reducción de aranceles

Después de años de tensión, Trump y Xi Jinping alcanzan un acuerdo histórico en Busan que alivia aranceles, impulsa el comercio agrícola y abre una ventana de estabilidad global.

En medio del bullicio diplomático de la cumbre de la APEC en Busan, Corea del Sur, el 29 de octubre de 2025 marcó un antes y un después en las relaciones entre las dos superpotencias económicas del mundo. Por primera vez desde 2019, el presidente estadounidense Donald Trump y su homólogo chino Xi Jinping se reunieron cara a cara —y lo hicieron con resultados concretos.

Tras una reunión calificada por Trump como “muy provechosa”, ambas naciones anunciaron un paquete de medidas destinado a desescalar la guerra comercial que ha sacudido mercados globales durante años. “Existe un enorme respeto entre nuestros dos países”, escribió Trump en redes sociales, destacando que los acuerdos “brindarán prosperidad y seguridad a millones de estadounidenses”.

El corazón del entendimiento gira en torno a una reducción temporal pero significativa de aranceles. Estados Unidos cancelará los llamados “aranceles al fentanilo” del 10% y suspenderá por un año más los aranceles recíprocos del 24% sobre productos chinos. A cambio, China se compromete a suspender sus restricciones a la exportación de tierras raras —materiales críticos para la fabricación de chips, equipos médicos y tecnología de defensa— y a comprar mayores volúmenes de productos agrícolas estadounidenses, incluyendo soja, gas y petróleo.

Pero el acuerdo va más allá del intercambio de bienes. Ambas partes acordaron cooperar en la lucha contra el tráfico de fentanilo, una de las mayores preocupaciones de salud pública en EE.UU., y comprometieron ajustes recíprocos en sus listas de sanciones. Washington detendrá por un año la expansión de su “lista de entidades” —que restringe exportaciones a empresas chinas—, mientras que Beijing congelará por igual periodo sus controles de exportación anunciados en octubre.

Además, EE.UU. suspenderá las medidas derivadas de su investigación sobre los sectores marítimo, logístico y naval chino, y China, a su vez, retirará sus contramedidas una vez que entre en vigor la suspensión estadounidense. Según fuentes oficiales chinas, ambas naciones también acordaron extender ciertas exclusiones arancelarias y trabajar en la resolución de casos individuales que involucran a empresas estratégicas.

Uno de los puntos más sensibles —y simbólicos— fue el relativo a TikTok. China se comprometió a “resolver adecuadamente” con EE.UU. los asuntos relacionados con la red social, abriendo la puerta a una solución negociada que evite una prohibición total en suelo estadounidense.

Este acercamiento no solo alivia tensiones bilaterales, sino que envía una señal de estabilidad a los mercados globales en un momento de incertidumbre geopolítica. Con un pacto prorrogable por un año sobre el suministro de tierras raras y un impulso al comercio agrícola, Trump y Xi parecen haber encontrado un equilibrio frágil, pero funcional: una tregua económica que, por ahora, pone el interés nacional por encima del conflicto ideológico.

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