En medio de una escalada global de poderío militar, Trump anuncia el regreso de las pruebas nucleares estadounidenses, rompiendo décadas de silencio atómico.
El 29 de octubre de 2025 quedará marcado en la historia reciente de la geopolítica mundial. A pocas horas de su tan esperado encuentro con el presidente chino Xi Jinping en Seúl, Donald Trump lanzó un mensaje que sacudió los cimientos de la estabilidad nuclear global: ordenó la reactivación inmediata de pruebas de armas nucleares por parte de Estados Unidos.
“El proceso comenzará de inmediato”, escribió el mandatario en su red social Truth Social, justificando la medida como una respuesta a la “creciente ventaja militar” de potencias rivales. Su decisión no surge en el vacío. En las últimas semanas, China y Rusia han desplegado una demostración sin precedentes de fuerza estratégica, poniendo al mundo al borde de una nueva carrera armamentista.
El detonante más reciente fue la confirmación, horas antes del anuncio de Trump, de que Rusia realizó con éxito una segunda prueba del dron submarino nuclear “Poseidón”. En una reunión televisada con soldados heridos en Ucrania, Vladimir Putin reveló que el artefacto —capaz de transportar una ojiva atómica y generar tsunamis radiactivos— es “imposible de interceptar”. Diseñado para eludir cualquier sistema antimisiles, el Poseidón representa una amenaza existencial para costas occidentales.
Pero Moscú no está sola. El 3 de septiembre, en un desfile militar sin precedentes en Pekín, China exhibió su arsenal más avanzado: misiles balísticos intercontinentales DF-41, capaces de alcanzar cualquier punto de EE.UU.; cazas furtivos J-20; y sistemas hipersónicos que desafían la defensa antimisiles actual. En las gradas, junto a Xi Jinping, estaban Putin y Kim Jong-un, sellando una alianza de facto entre las tres potencias autoritarias más influyentes del planeta.
Ante este escenario, la Casa Blanca argumenta que el equilibrio estratégico se ha roto. Desde 1992, Estados Unidos ha mantenido una moratoria unilateral en pruebas nucleares, respetando el espíritu del Tratado de Prohibición Completa de los Ensayos Nucleares (CTBT), aunque este nunca entró plenamente en vigor por la falta de ratificación de países clave, incluyendo a EE.UU., China y Rusia.
La orden de Trump no solo rompe con esa tradición de más de 30 años, sino que redefine la postura disuasoria estadounidense. Funcionarios del Pentágono ya trabajan en los protocolos para reactivar el sitio de pruebas de Nevada, mientras expertos advierten sobre las consecuencias: una posible reactivación en cadena de ensayos nucleares por parte de otras potencias.
Curiosamente, la reunión Trump-Xi —oficialmente centrada en comercio y la desnuclearización norcoreana— ahora tendrá un telón de fondo inevitable: la sombra de la bomba atómica. Mientras los líderes dialogan en un hotel de Seúl bajo estrictas medidas de seguridad, el mundo observa con inquietud si esta nueva era nuclear será de contención… o de confrontación.
