Trump desmiente rumores de invasión a Venezuela

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En medio de tensiones en el Caribe, el presidente estadounidense niega planes militares contra Venezuela, mientras Maduro alerta sobre una posible invasión

A bordo del Air Force One, en medio de una ola de especulación internacional, el presidente Donald Trump desmintió de forma contundente los rumores sobre una inminente ofensiva militar estadounidense en territorio venezolano. “No, no son verdad”, declaró el mandatario sin dar mayores explicaciones, pero con suficiente firmeza para desactivar —al menos por ahora— una de las crisis diplomáticas más calientes de las últimas semanas.

La tensión había escalado tras reportes del Wall Street Journal y del Miami Herald, que citaban fuentes anónimas cercanas al gobierno de Washington. Según esas versiones, el Pentágono ya tenía identificados puntos estratégicos en Venezuela utilizados para el tráfico de drogas y evaluaba lanzar una operación militar “en cuestión de días o incluso horas”. El tono alarmista de los medios generó una ola de incertidumbre en la región.

Pero desde la Casa Blanca, la respuesta fue inmediata. Anna Kelly, portavoz presidencial, reforzó la postura de Trump en una declaración a Fox News Digital: “Las fuentes anónimas no saben de qué hablan. Cualquier anuncio sobre la política hacia Venezuela provendrá directamente del presidente”. Un mensaje claro: no hay operación secreta, y mucho menos una invasión inminente.

Sin embargo, el contexto no es inocente. Desde hace semanas, la Armada estadounidense despliega buques en el Caribe, cerca de la costa venezolana, bajo el pretexto de interrumpir rutas de narcotráfico. Funcionarios de Washington aseguran que el litoral venezolano se ha convertido en una autopista para el traslado de decenas de toneladas de droga con destino a Estados Unidos. Como parte de esta estrategia, se han ejecutado más de una decena de ataques contra embarcaciones sospechosas.

Desde Caracas, el presidente Nicolás Maduro ha interpretado estas acciones como una amenaza existencial. En múltiples discursos, ha acusado a Washington de buscar apoderarse de las vastas reservas petroleras venezolanas, las más grandes del mundo. “Estén preparados para defender la patria”, ha exhortado a su pueblo, convocando a una movilización nacional ante la posibilidad de una “invasión imperialista”.

La tensión se ha agravado aún más por la recompensa de 50 millones de dólares ofrecida por el gobierno estadounidense por la captura —viva o muerta— de Maduro, una medida que Caracas califica como “terrorismo de Estado”.

En este escenario, la negativa de Trump cumple una doble función: calmar los ánimos internacionales y evitar una escalada que podría desbordarse. Aunque su administración mantiene una postura dura contra el régimen chavista —con sanciones económicas, reconocimiento del opositor Juan Guaidó y presión diplomática constante—, una intervención militar directa representaría un giro drástico y de alto riesgo.

Por ahora, la estrategia parece ser presión máxima sin guerra. Pero mientras los buques estadounidenses sigan surcando aguas cercanas a Venezuela y las recompensas sigan vigentes, la sombra de un conflicto mayor seguirá planeando sobre el Caribe.

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