La presidenta de México convierte un momento personal en un acto político: denuncia acoso callejero para visibilizar una realidad que afecta a millones.
En medio del bullicio del Zócalo capitalino, un martes por la mañana del 4 de noviembre de 2025, Claudia Sheinbaum caminaba junto a su equipo rumbo a la Secretaría de Educación Pública. Era un trayecto rutinario, apenas unos metros desde Palacio Nacional, pero se convertiría en un episodio que trascendería lo personal para convertirse en un símbolo nacional.
Decenas de personas se acercaban a saludarla, tomarse fotos, expresar su apoyo. Era una escena habitual para la mandataria. Sin embargo, entre la multitud, un hombre —Uriel Rivera— se aproximó por detrás. Totalmente alcoholizado, según relató Sheinbaum al día siguiente, intentó tocarla e incluso besarla mientras ella posaba con simpatizantes. Ella no se percató del todo en el momento. Fue hasta que vio los videos que circularon en redes sociales que comprendió la gravedad del acto.
“No me doy cuenta de inmediato… fue hasta después, al ver los videos, que comprendí lo que realmente ocurrió”, confesó desde la tradicional conferencia matutina del miércoles 5 de noviembre. Con voz firme y sin titubeos, anunció que había presentado una denuncia formal ante la Fiscalía General de Justicia de la Ciudad de México (FGJCDMX), el órgano competente en delitos del fuero común como el acoso callejero.
“Decidí levantar la denuncia porque esto es algo que viví como mujer, pero que vivimos todas las mujeres en nuestro país”, declaró. Recordó que, incluso antes de ser presidenta, como estudiante y joven profesional, enfrentó situaciones similares. Su testimonio resonó como un eco de millones de voces silenciadas.
Las autoridades informaron que Rivera fue detenido la misma noche del incidente y que, según primeras investigaciones, ya había acosado a otras mujeres en la zona antes y después del acto contra la presidenta. Un patrón que subraya la urgencia del problema.
Sheinbaum aprovechó el momento para reafirmar su compromiso con la política de cero tolerancia a la violencia de género. “Si no presento yo la denuncia, ¿en qué condición se quedan todas las mujeres mexicanas? Si esto le pasa a la presidenta, ¿qué va a pasar con las jóvenes en el transporte, en la calle, en la escuela?”, preguntó, convirtiendo su experiencia en un llamado colectivo.
Este caso no solo pone en evidencia las fallas en la seguridad personal de las mujeres, incluso en los más altos niveles del poder, sino que también demuestra el valor de visibilizar el acoso como un delito, no como un “piropo” o una “broma”. La denuncia de Sheinbaum trasciende lo simbólico: es un acto concreto que impulsa la justicia y la conciencia social.
