
La presidenta rechaza con firmeza un regreso a las políticas de mano dura y advierte sobre los riesgos de socavar el Estado de Derecho.
En una jornada matutina marcada por la contundencia, la presidenta de México, Claudia Sheinbaum, lanzó una advertencia clara y contundente: regresar a la llamada “guerra contra el narco”, como la implementada durante el sexenio de Felipe Calderón (2006-2012), no solo sería un error histórico, sino un paso directo hacia el autoritarismo y el fascismo. Durante su habitual conferencia matutina del 5 de noviembre de 2025, Sheinbaum no dudó en calificar esa estrategia como un fracaso rotundo que, lejos de resolver el problema del narcotráfico, dejó como saldo un dramático aumento en los niveles de violencia y homicidios en el país.
“No es opción regresar a esa política. No sirvió de nada, más que para aumentar los homicidios en México y el nivel de violencia”, afirmó la mandataria frente a periodistas y funcionarios en Palacio Nacional. Su mensaje fue aún más contundente al señalar que ese enfoque representa, en esencia, “dar permiso para matar” y erosionar las bases del Estado de Derecho. “Se trata de medidas cuyo discurso de fondo es el autoritarismo y el fascismo, donde no hay Estado de Derecho y donde todo es extrajudicial, donde se impone la violencia del Estado”, explicó.
La postura de Sheinbaum responde a las recientes declaraciones de distintos sectores políticos —especialmente de la oposición— que han propuesto un retorno a estrategias de seguridad basadas en la confrontación armada y el uso desmedido de la fuerza. Frente a esas voces, la presidenta no solo defendió su enfoque de seguridad con justicia y bienestar, sino que reafirmó el respaldo popular a la Cuarta Transformación: “El pueblo de México está con la Cuarta Transformación porque ha dado resultados en todos los sentidos”. Como ejemplo, citó la reducción de la pobreza que, según sus cifras oficiales, ha permitido que 13 millones de mexicanos salgan de esa condición.
En un contexto de polarización política y creciente inseguridad en algunas regiones del país, el discurso de Sheinbaum busca trazar una línea ideológica clara: por un lado, las políticas represivas que, a su juicio, normalizan la violencia institucional; y por otro, un modelo centrado en la transformación social, la prevención y el respeto a los derechos humanos. Su mensaje no solo es una defensa de su gobierno, sino una advertencia sobre los peligros de retroceder en las conquistas democráticas del país.