
Frente a la criminalización de la juventud, la presidenta Sheinbaum reivindica una estrategia de seguridad que atiende las causas profundas del delito y rechaza el abandono neoliberal de décadas
En medio de un debate nacional marcado por la violencia y la estigmatización de los jóvenes, la presidenta Claudia Sheinbaum alzó la voz con firmeza: no se trata de reprimir, sino de abrazar. Durante una intervención contundente, defendió la estrategia de seguridad que pone a las causas estructurales en el centro del combate al crimen organizado, un enfoque heredado del gobierno de Andrés Manuel López Obrador y resumido en la consigna: “abrazos, no balazos”.
“Nadie quiere que los jóvenes se acerquen a los grupos delincuenciales”, afirmó Sheinbaum, recordando que durante 36 años de gobiernos neoliberales, este sector fue abandonado a su suerte. “Apenas en los últimos seis años se recuperó una política de avance en educación y en atención a los jóvenes”, subrayó, en clara alusión a la transformación iniciada en 2018.
La mandataria explicó que la verdadera seguridad no se construye solo con uniformes y armas, sino con escuelas, canchas, talleres y oportunidades. “Es una visión distinta de las y los jóvenes: darles todas las opciones para que la delincuencia organizada nunca sea una opción de vida”, dijo. Y añadió que, aunque la presencia policial y la inteligencia son necesarias, “una estrategia de seguridad debe atender las causas y abrazar a los jóvenes”.
Su defensa llegó en el contexto de una pregunta sobre el caso del joven de 17 años involucrado en el asesinato del alcalde de Uruapan, Carlos Manzo —un hecho que, según Sheinbaum, no debe usarse para criminalizar a toda una generación. “Les llamaron ninis, les llamaron rechazados… ¡No!”, exclamó con indignación. “La derecha criticó mucho ‘abrazos, no balazos’, diciendo que eran abrazos a la delincuencia. Falso. Nadie planteó eso. El asunto es que hay que acercarse a los jóvenes, no alejarlos”.
La presidenta denunció cómo, con mentiras y desinformación, la oposición ha distorsionado una política que busca prevenir la violencia desde la raíz: la falta de oportunidades, el desempleo, la exclusión educativa y la desintegración familiar. “Durante décadas, se les negó el futuro. Hoy, les ofrecemos talleres, becas, deporte, arte, educación técnica… y esperanza”, señaló.
Esta estrategia ya se traduce en programas concretos: Jóvenes Construyendo el Futuro, Sembrando Vida Joven, PILARES, y miles de centros comunitarios en zonas de alta marginación. No se trata de idealismo, explicó Sheinbaum, sino de realismo social: “Si no atendemos las causas, seguiremos apagando incendios sin detener el fuego”.
En un país donde más de 10 millones de jóvenes viven en condiciones de vulnerabilidad, la apuesta de Sheinbaum no es solo de seguridad, sino de justicia intergeneracional. Porque, como ha dicho en reiteradas ocasiones: no hay paz sin justicia, y no hay justicia sin oportunidades para los jóvenes.