Voces indígenas toman el Zócalo: niñas y niños celebran lenguas y arte en la Fiesta de Culturas Comunitarias

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Niñas, niños y jóvenes indígenas se alistan para llenar el corazón de la Ciudad de México con cantos en náhuatl, pirekuas y expresiones artísticas que defienden la vida de sus lenguas

El Zócalo capitalino se convertirá el próximo 22 de noviembre a las 17:30 horas en un gran territorio cultural vivo. Allí, miles de voces infantiles y juveniles —muchas de ellas en lenguas originarias— se alzarán en la Fiesta de Culturas Comunitarias 2025 “Yoltlajtoli: Voces Vivas”, un evento histórico que pone a la niñez indígena en el centro de la política cultural del país.

La secretaria de Cultura, Claudia Curiel de Icaza, anunció el encuentro durante la Mañanera del Pueblo, destacando que la cultura comunitaria es “uno de los ejes fundamentales” del gobierno de México. “No se trata solo de espectáculos, sino de reconocer las lenguas originarias como territorios que hay que defender”, afirmó.

El evento reúne una alianza inédita: los Cuicallis —Casas de Canto de la Niñez Indígena del Instituto Nacional de los Pueblos Indígenas (INPI)—, la Red de FAROS, los PILARES, y el Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura (INBAL). Juntos, darán vida a un mosaico de actividades que incluyen Escritura Creativa, Expresión Corporal, y presentaciones artísticas de alto simbolismo.

Entre los protagonistas estarán la Banda Tradicional Comunitaria de Mujeres Indígenas y el Coro Nacional Comunitario, pero también una orquesta que rompe récords: la Orquesta Monumental de PILARES, con 350 niñas y niños provenientes de comunidades como Ixtolco, Morelos, y otras regiones del país. “Es uno de los proyectos comunitarios más grandes del mundo”, aseguró su coordinador, Javier Hidalgo.

Durante la presentación en Palacio Nacional, jóvenes intérpretes ofrecieron un adelanto emotivo. Cantaron en náhuatl, una lengua que, como dijo María José, “habla con el corazón de nuestros abuelos”. “Queremos que siga viva… que se enriquezca y se use”, expresó con determinación.

Otras participantes, Juana Lizeth y Citlalli Victoria Sandoval, compartieron el significado de las piezas que interpretaron: una flor que, aunque se corte, “siempre florezco, siempre vuelvo a salir” —metáfora de la resistencia indígena— y una pirekua de Cherán, Michoacán, género musical declarado Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la UNESCO.

Desde Teotitlán del Valle, Oaxaca, Jordi Benjamín contó que su amor por la música lo heredó de su abuelo. Y Citlalli Victoria resumió con sencillez profunda: “El arte es una manera de comunicar desde el corazón. Al cantar me siento llena y feliz”.

Pero más allá del arte, el evento es un acto de resistencia lingüística. Una participante confesó: “Es una gran oportunidad estar aquí y hablar mi lengua… porque algunas personas la dejan de hablar por pena o por miedo a que les digan indígenas”.

Con la participación de 1,400 Casas y Comedores de la Niñez Indígena —que atienden a 84,000 niñas y niños en todo el país— y más de 5,000 menores ya integrados en los Cuicallis, la Fiesta no es solo un espectáculo: es un acto colectivo de dignidad, memoria y futuro.

“Yoltlajtoli” —que en náhuatl significa “palabra viva”— será, sin duda, una de las celebraciones culturales más significativas del año: donde cada canto es un acto de defensa, y cada voz, un territorio que no se entrega.

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