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México Desmiente Atentado Contra Embajadora Israelí en Medio de Cruzada Acusatoria

La Sombra de una Conspiración: México en el Ojo del Huracán Diplomático

Un comunicado oficial de la Secretaría de Relaciones Exteriores (SRE) cortó de tajo la versión que había comenzado a incendiar las redes: no hay ningún reporte, ningún sustento, sobre un supuesto atentado terrorista contra la embajadora de Israel en México, Einat Kranz Neiger. El gobierno mexicano, con la frialdad de la diplomacia, se deslindó de una afirmación que había puesto en alerta a los círculos políticos internacionales. La cancillería no solo desmintió la información, sino que reiteró su disposición de mantener una comunicación fluida con todas las representaciones diplomáticas, un guiño a la calma en medio de la tormenta.

La negativa mexicana no llegó sola. La Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana (SSPC) emitió su propio mensaje, reafirmando una colaboración “respetuosa y coordinada” que se lleva a cabo “siempre en el marco de la soberanía nacional”. Era la respuesta a una carta pública de la Embajada de Israel en México, que horas antes había agradecido a las autoridades mexicanas por la supuesta “neutralización de intenciones terroristas” en contra de su embajadora y había señalado directamente a Irán como el causante intelectual del ataque. El escenario estaba servido para una crisis diplomática.

Del otro lado del mundo, Teherán reaccionó con contundencia. A través de su cuenta oficial en X, la embajada iraní en México tachó la acusación de “invento mediático” y “una gran mentira”, cuyo objetivo —denunciaron— es dañar las relaciones amistosas e históricas entre México e Irán. “Rechazamos categóricamente”, escribieron, cerrando filas frente a lo que calificaron como una incriminación proveniente de Estados Unidos e Israel, donde funcionarios citados por la prensa estadounidense ya habían apuntado a la República Islámica.

En el centro de la polémica, la embajadora Einat Kranz Neiger dio un giro inesperado. En declaraciones a medios, confirmó que, en efecto, existió un atentado en su contra que fue frustrado, contradiciendo así la versión oficial del gobierno que la hospeda. Sin embargo, su testimonio estuvo plagado de sombras. Reconoció no contar con los datos específicos del posible ataque, ignorar cómo iba a ser ejecutado y, de manera más relevante, no pudo identificar a la autoridad mexicana que le habría informado o que participó en la desarticulación del complot. “Son temas muy sensibles, muy confidenciales, que se llevan en círculos muy limitados”, argumentó, dejando más preguntas que respuestas en un caso que enfrenta versiones diametralmente opuestas y enciende las alarmas sobre una trama de espionaje y desinformación en suelo mexicano.

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