La Batalla por el Agua: Sheinbaum Revela los Privilegios Tras las Protestas a la Reforma
En el centro de una polémica que ha dividido aguas, la Presidenta Claudia Sheinbaum ha alzado la voz para desentrañar lo que, a su juicio, es el verdadero motor detrás de las protestas en contra de la reforma a la Ley de Aguas Nacionales. Desde su conferencia mañanera, la mandataria dibujó un escenario de privilegios y acaparamiento, afirmando que la resistencia no nace de un descontento popular genuino, sino del interés de unos cuantos por mantener un lucrativo negocio.
Con datos concretos y una explicación pedagógica, Sheinbaum expuso el meollo de la reforma. Señaló que muchos empresarios y grandes productores agrícolas poseen enormes concesiones del vital líquido. “Ahora la ley de aguas dice ‘ya no vas a poder vender el agua a un tercero ni tampoco la vas a poder transmitir así nada más’”, explicó con firmeza. Para ilustrarlo, puso un ejemplo contundente: “Si tienes un predio y usas el agua para riego, ahora ya no se la vas a poder vender al desarrollador inmobiliario que en tu tierra va a hacer viviendas. Ahora hay que regresar a la Conagua y el que va a hacer viviendas ya tiene que pedírsela a la Conagua”.
La presidenta fue clara al definir el objetivo último de esta modificación legal: poner orden en el caos y establecer el agua como un derecho humano, no como una mercancía. “¿Esto limita el desarrollo? No, lo ordena en un recurso tan importante como es el agua”, afirmó, rechazando de plano los argumentos de sus detractores. Para Sheinbaum, este es el corazón del conflicto: la Cuarta Transformación busca acabar con los privilegios, y en este caso, se topa con quienes se niegan a renunciar a un sistema que les beneficia económicamente.
La crónica de esta batalla no estaría completa sin el revelador ejemplo final que ofreció la mandataria. Pese a los esfuerzos gubernamentales por tecnificar el campo y promover el ahorro de agua, destacó que existen distritos de riego que no utilizan su asignación, sino que la venden a los municipios, lucrando con un recurso que es de todos. “No la usan y la venden a los municipios y entonces los ves en sus carrazos, camionetotas, a los agricultores de algunos distritos de riego porque ganan al año 300 millones de pesos por venderle agua a un municipio”, puntualizó. Con esta imagen, Sheinbaum no solo defendió la reforma, sino que encapsuló su discurso: se trata de una lucha por la justicia y la soberanía hídrica de la nación.
