
Un mensaje de certidumbre y ambición regional: La presidenta apuesta por el T-MEC como escudo contra Asia y Europa
En un entorno donde las declaraciones desde Washington han sembrado dudas sobre el futuro del marco comercial más importante para México, la presidenta Claudia Sheinbaum salió este miércoles a plantar una bandera de certidumbre y visión estratégica. Desde La Mañanera del Pueblo, la mandataria envió un mensaje claro y contundente sobre el Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC): “El T-MEC continuará”. Para Sheinbaum, lejos de ser un acuerdo en riesgo, es un instrumento “muy importante” que “garantiza la competitividad de la región frente al mundo” y cuyo objetivo, incluso, debería ser ampliarlo hacia el sur para que todo el continente pueda competir con bloques como Asia y Europa.
La declaración de Sheinbaum no fue un mero optimismo; fue una postura estratégica definida en vísperas de un encuentro clave. La presidenta confirmó que, durante su visita a Estados Unidos el 5 de diciembre para el sorteo del Mundial de Fútbol 2026, sostendrá una reunión con su homólogo Donald Trump. En ese espacio, buscará abordar de lleno la relación económica bilateral y, por extensión, el futuro del T-MEC. Sus palabras buscaron calmar las aguas frente a las declaraciones del propio Trump, quien ha mencionado la posibilidad de dejar expirar el acuerdo o elaborar uno nuevo.
“Mantenernos juntos es muy importante para la región, para nuestros pueblos y nuestras naciones”, puntualizó Sheinbaum, elevando el tratado de un mero contrato comercial a un “símbolo de amistad” que busca “paz y amistad entre nuestros pueblos”. Esta visión refleja el intento de la administración mexicana de enmarcar la relación no solo en términos de dólares y centavos, sino de vecindad y destino común.
La presidenta no llegó a esta reunión desde una posición de debilidad, según su narrativa. Con firmeza, destacó que “México tiene los mejores acuerdos comerciales” con su vecino del norte, una ventaja que, confía, asegurará la continuidad del T-MEC tras su revisión programada. Esta confianza se extiende a los temas espinosos que estarán sobre la mesa. Sheinbaum enumeró algunos de los puntos centrales de la agenda negociadora: la revisión de aranceles para automóviles, acero y aluminio, así como la revisión de 54 barreras no arancelarias. Sobre este complejo paquete, se declaró “confiada en que todo saldrá bien”.
Pero más allá de los temas técnicos, Sheinbaum aprovechó para reiterar los principios cardinales que, según ella, deben regir la relación con Estados Unidos. Estos son “la no intervención, la cooperación sin subordinación y la soberanía de nuestros territorios”. Esta tríada de principios busca marcar los límites de la negociación: México está dispuesto a cooperar y a encontrar soluciones comerciales, pero no a ceder en su soberanía ni a aceptar una relación de subordinación.
La crónica de esta mañanera es, por lo tanto, la de una presidenta que se prepara para una negociación crucial armada con un discurso dual. Por un lado, proyecta optimismo y certidumbre sobre la permanencia del T-MEC, presentándolo como un interés compartido e insustituible para la competitividad norteamericana. Por el otro, establece líneas rojas muy claras basadas en la soberanía y la no subordinación. Es la combinación de una mano tendida para la cooperación económica y una columna vertebral firme en los principios diplomáticos, todo en vísperas de un cara a cara con un presidente estadounidense conocido por su estilo impredecible y su retórica proteccionista.