Entre elogios del gabinete y una lucha visible contra la fatiga: La escena que reabre el debate sobre la edad del presidente
En el Salón del Gabinete de la Casa Blanca, donde suelen celebrarse las victorias y se trazan las grandes estrategias, este martes se desarrolló una escena que rápidamente capturó la atención de la prensa y el público. Durante una extensa reunión del gabinete que duró dos horas y 18 minutos, el presidente Donald Trump, de 79 años, pareció librar una batalla silenciosa contra el cansancio. En varias ocasiones a lo largo de la maratónica sesión, el mandatario cerraba los ojos, cabeceaba y se esforzaba visiblemente por mantener la mirada abierta, mientras los miembros de su gabinete recorrían la sala desgranando sus logros y colmándolo de elogios.
La escena no pasó desapercibida para los periodistas presentes, que observaron cómo, alrededor del minuto 50, mientras hablaba la secretaria de Agricultura Brooke Rollins, Trump se inclinaba hacia adelante y atrás en su silla, luchando por mantenerse alerta. Pasada la hora y media, durante la intervención de la secretaria de Educación, Linda McMahon, cerró los ojos durante cinco segundos completos antes de reclinarse y mirar al techo. Y unos 20 minutos después, con la palabra del secretario de Estado Marco Rubio, el presidente volvió a inclinarse hacia adelante, aparentemente con los ojos cerrados una vez más.
Ante las preguntas de los medios, la secretaria de prensa de la Casa Blanca, Karoline Leavitt, salió al paso con un comunicado defendiendo al presidente. Aseguró que Trump estaba “escuchando atentamente y dirigiendo toda” la reunión, y aludió a su enérgica intervención final, donde lanzó una diatriba contra los migrantes somalíes. “Este momento épico puso un signo de exclamación a la novena reunión del gabinete del presidente Trump en su segundo mandato”, afirmó Leavitt, destacando que todas estas reuniones están abiertas a la prensa, a diferencia de la práctica de administraciones anteriores.
Sin embargo, el incidente se enmarca en un patrón y un contexto más amplio. Esta fue la segunda vez en menos de un mes que Trump aparenta dormitar en público, después de un episodio similar el 6 de noviembre durante un acto en el Despacho Oval. En los días previos a la reunión de gabinete, Trump y sus ayudantes habían mostrado su enfado por la cobertura mediática que destacaba su agenda pública más corta y estos signos de fatiga, en particular un informe de The New York Times.
El propio Trump había abordado el tema de la edad al inicio de la reunión, quejándose de un escrutinio injusto en comparación con su predecesor, Joe Biden, quien abandonó la carrera presidencial en medio de preocupaciones por su edad y agudeza mental. “Ya les avisaré cuando haya algo malo. Algún día lo habrá”, dijo Trump. “Eso nos pasará a todos. Pero ahora mismo creo que soy más listo que hace 25 años. Pero ¿quién demonios lo sabe?”. También afirmó haber sacado “todos sobresalientes” en su examen físico.
Para respaldar esta afirmación, la Casa Blanca había publicado el lunes una carta del médico de Trump, Sean Barbabella, sobre los resultados de “pruebas de imagenología avanzadas” que mostraban que el presidente “sigue gozando de una excelente salud general”. No obstante, algunos expertos médicos consultados por la prensa señalaron que no estaba claro qué pruebas específicas se habían realizado o por qué.
La crónica de esta reunión es, en el fondo, la de un presidente que, mientras se presenta como una “presencia habitual y destacada” que acepta preguntas con más frecuencia que Biden, también muestra las huellas de una agenda agotadora —la noche anterior había estado activo en redes sociales hasta casi la medianoche— y de los inevitables efectos de ser el presidente de más edad en jurar el cargo. Es una tensión entre la imagen de energía que quiere proyectar y los momentos de fatiga que se cuelan ante las cámaras, reavivando un debate que él mismo intenta desactivar con bravatas y reportes médicos.
