
Del sorteo a la diplomacia: La presidenta traza un balance positivo del primer cara a cara trilateral y establece las reglas de la relación con Washington
Tras el telón de fondo del sorteo del Mundial de Fútbol 2026 en Washington, la verdadera jugada diplomática se desarrolló entre bastidores. Este lunes 8 de diciembre, de regreso en Palacio Nacional, la presidenta Claudia Sheinbaum ofreció su evaluación del primer encuentro trilateral con el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y el primer ministro de Canadá, Mark Carney. Su veredicto, expuesto en La Mañanera del Pueblo, fue positivo y cuidadosamente matizado: el encuentro fue “cordial y de mucho respeto”, y en él “se acordó seguir trabajando conjuntamente”.
Sheinbaum, sin embargo, no se limitó a los halagos protocolarios. Aprovechó la ocasión para reafirmar los principios que, según ella, deben guiar la compleja relación con el vecino del norte. Con claridad, destacó que el vínculo se basa en “coordinación sin subordinación, así como respeto a la soberanía y territorialidad”. Y, en una frase que resonó como un recordatorio de autodeterminación, aseguró que “el pueblo mexicano es el único que puede decidir cómo se gobierna”. Esta declaración parece una respuesta implícita a cualquier percepción de injerencia o presión unilateral desde Washington.
La presidenta argumentó por qué, a pesar de los roces, México debe buscar una relación funcional. Enumeró tres razones fundamentales: primero, “son nuestros vecinos”; segundo, “allá viven 40 millones de mexicanos y siempre tendremos que defenderlos”; y tercero, “porque es mejor llegar a acuerdos que confrontaciones”. Este pragmatismo, mezclado con la defensa de la diáspora, delineó una postura que busca el beneficio mutuo sin claudicar en la defensa de los connacionales.
En cuanto a la sustancia de la reunión bilateral con Trump, Sheinbaum confirmó que se abordaron “diversos temas, particularmente en comercio y lo relacionado con el Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC)”. Reveló un mecanismo concreto para avanzar: “las conversaciones seguirán y se nombran personas responsables de ambas partes para dar seguimiento de los temas”. Este anuncio de designar enlaces específicos sugiere un intento de institucionalizar el diálogo y evitar que se estanque en la retórica pública. De manera significativa, precisó que en este momento México no va a entregar otro bloque de presuntos delincuentes a Estados Unidos, un tema sensible que a menudo genera tensiones.
Mirando hacia el futuro, Sheinbaum conectó el evento deportivo con la diplomacia económica. Pronosticó que el Mundial de Fútbol 2026 “generará un buen ambiente y condiciones para la revisión del T-MEC”. La lógica es que la cooperación exitosa en un proyecto masivo y positivo como el Mundial puede crear una atmósfera de confianza y colaboración que se traslade a las espinosas negociaciones comerciales.
La presidenta cerró su balance con un comentario personal sobre el trato recibido. “Trump fue muy amable conmigo, lo cual agradezco, pues la presidenta representa a México y el que el presidente Trump haya sido amable habla del reconocimiento a México”, sentenció. Esta apreciación va más allá de la cortesía; la presenta como un reconocimiento diplomático al país que ella encarna. La crónica de este informe es, por lo tanto, la de una mandataria que regresa de una prueba de fuego diplomática con un mensaje de éxito moderado y principios intactos. Logró enmarcar el encuentro como respetuoso y productivo, reafirmó la soberanía mexicana como línea roja, estableció canales de trabajo continuo y hasta encontró en la amabilidad de Trump un símbolo del respeto ganado por la nación. Es la narrativa de una relación que, pese a todo, puede ser manejada con cordialidad y firmeza simultáneamente.