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Trump Redobla la Apuesta: De “Países de Mierda” a “Agujeros Infernales”

La Retórica del Desprecio: Trump Reescribe su Propio Guión Migratorio

La historia, en boca de Donald Trump, es un relato maleable. Este martes, el presidente de Estados Unidos volvió a tomar el micrófono para hablar de migración, y con ello, resucitó y remodeló uno de los episodios más polémicos de su primer mandato. Fue en 2018 cuando, en una reunión con legisladores, según múltiples fuentes, preguntó: “¿Por qué estamos teniendo a toda esta gente de países de mierda?”. La frase, filtrada y amplificada por los medios, se convirtió en un estandarte de su retórica divisiva y despectiva hacia naciones pobres, mayoritariamente no blancas.

Hoy, ante una nueva audiencia, Trump no solo no se retractó, sino que elevó el tono y luego intentó reescribir el guión. “También he anunciado una pausa permanente en la migración del tercer mundo, incluyendo países infernales como Afganistán, Haití, Somalia y muchos otros”, declaró con la contundencia que le caracteriza. La nueva etiqueta: “agujeros infernales”. Un calificativo que, si bien cambia la palabra, mantiene intacta la esencia de un desdén profundo por naciones azotadas por conflictos, desastres naturales y pobreza extrema.

Pero el giro narrativo llegó después. En un movimiento que mezcla la negación con el revisionismo, Trump abordó el fantasma de 2018. “No dije ‘agujero de mierda’, ustedes lo dijeron”, afirmó, deslizando la responsabilidad hacia la prensa y sus críticos. Según su nueva versión de los hechos, sus palabras originales estuvieron dirigidas a senadores demócratas en una conversación que él califica como “totalmente confidencial”. El escándalo mediático, sugiere, fue una distorsión.

Acto seguido, procedió a ofrecer lo que presentó como el recuerdo exacto de esa conversación privada. “Tuvimos una reunión y dije: ‘¿Por qué solo aceptamos gente de países de mierda? ¿Por qué no podemos aceptar a algunas personas de Noruega, Suecia, solo unas pocas? Que vengan algunos de Dinamarca. ¿Les importaría enviarnos a algunos? Envíenos a gente agradable. ¿Se puede?'”.

La crónica de su memoria no terminó ahí. Continuó, profundizando en la caracterización deshumanizante: “Pero siempre acogemos a gente de Somalia, lugares que son un desastre, ¿verdad? Asquerosos, sucios, repugnantes, plagados de delincuencia. Lo único que saben hacer es perseguir barcos”. La descripción, cargada de adjetivos viscerales, pinta a naciones enteras y a sus ciudadanos con una brocha gorda de criminalidad y suciedad, contrastándolas con una idealización de países europeos nórdicos como Noruega y Dinamarca, a los que implícitamente asocia con “gente agradable”.

Este episodio no es un mero arrebato aislado. Es un capítulo más en una estrategia retórica probada: identificar un “otro” extranjero como amenaza, describirlo en términos gráficos y denigrantes, y luego presentar políticas de exclusión migratoria como una necesidad de protección nacional. Al nombrar específicamente a Afganistán, Haití y Somalia, Trump no solo señala países, sino que activa estereotipos arraigados en una parte de su base electoral.

La negación posterior de la frase más célebre (“agujero de mierda”) mientras repite y amplía el sentimiento original, es un ejercicio clásico de control del mensaje. Permite difundir el contenido despectivo hacia una audiencia que lo aprueba, mientras ofrece una capa de negación plausible para quienes podrían cuestionar la crudeza del lenguaje. Es la crónica de un discurso que, lejos de suavizarse, se ha vuelto más estridente y a la vez más calculado, reescribiendo el pasado para justificar un presente de fronteras cerradas y un futuro de “pausa permanente”.

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