Protesta en Oslo: Organizaciones Noruegas de Paz Rechazan el Nobel para María Corina Machado.

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La antorcha que no se enciende: el Nobel de la Paz que divide a Noruega

Frente al solemne edificio del Instituto Nobel en Oslo, el frío aire del martes no logró congelar el calor de la protesta. Unas 200 personas, convocadas por una coalición de organizaciones noruegas históricas, se congregaron no para celebrar, sino para rechazar. Su objetivo: denunciar la concesión del Premio Nobel de la Paz 2025 a la opositora venezolana María Corina Machado. Banderas y pancartas con consignas como “Ningún premio de la paz para los belicistas” y “Estados Unidos, fuera de América Latina” ondearon en un acto que marcó un inusual y ruidoso desacuerdo con la decisión del comité.

La voz más autorizada entre los manifestantes fue la de Kari Anne Næss, presidenta de la Asociación Noruega por la Paz. Con la seriedad que confieren 140 años de historia —es la organización pacifista más antigua del país—, Næss sentenció: “Machado no merece el Nobel de la Paz. El premio debería ir a alguien que esté a favor del diálogo pacífico y que una a la gente”. Esta crítica no fue un gesto aislado, sino la punta de lanza de un boicot institucional sin precedentes. La asociación que preside Næss forma parte del Consejo Noruego de la Paz, un órgano que agrupa a una veintena de organizaciones y que tradicionalmente organiza la procesión de antorchas que ilumina las calles de Oslo cada 10 de diciembre. Este año, por primera vez en décadas, el Consejo ha declinado ese honor en señal de protesta. La organización del emblemático desfile ha sido asumida, en un giro simbólico, por la Norwegian Venezuelan Justice Alliance.

La dimensión política del rechazo se hizo evidente con la presencia en la concentración de representantes de dos partidos con escaños en el parlamento noruego: el Partido de Izquierda Socialista y el Partido Rojo, cuarta y sexta fuerza política respectivamente. Ambos, aliados del gobierno laborista en minoría, han expresado públicamente su oposición a la elección de Machado, añadiendo una capa de tensión política doméstica a un premio que suele generar consenso nacional. La protesta, por tanto, no fue solo callejera, sino que resonó en los pasillos del poder noruego.

Mientras las calles de Oslo se teñían de desaprobación, la propia galardonada brillaba por su ausencia en el programa oficial. Machado debía ofrecer una rueda de prensa en el Instituto Nobel ese mismo martes, pero el acto fue primero aplazado y luego suspendido definitivamente. El instituto emitió un comunicado lacónico explicando la situación: “La propia María Corina Machado ha declarado en entrevistas lo complicado que será el viaje a Oslo. Por lo tanto, en este momento no podemos proporcionar más información sobre cuándo y cómo llegará para la ceremonia”. La incertidumbre sobre la presencia física de la líder opositora —quien vive en paradero desconocido en Venezuela— añade un aura de misterio y dificultad logística a una premiación ya de por sí envuelta en polémica. Hace solo unos días, ella misma había confirmado al Instituto su intención de viajar.

Así, el camino hacia la ceremonia del 10 de diciembre se presenta lleno de obstáculos, tanto en las empedradas calles de Oslo como, aparentemente, en el complicado viaje desde Caracas. El Premio Nobel de la Paz, diseñado para honrar y promover la concordia, se encuentra este año en el ojo de un huracán que cuestiona no solo a la galardonada, sino la propia naturaleza del galardón más prestigioso del mundo.

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