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Tinieblas en la Fiesta de las Luces: Un Acto de Terror Antisemita Ensangrenta Hanukkah en Sídney.

Una noche de luces truncada por el odio: el ataque que conmocionó a Australia

El ocaso del sábado en la icónica playa Bondi de Sídney pintaba un cuadro de celebración y comunidad. Más de mil personas se habían congregado para “Hanukkah by the Sea”, un evento festivo que conmemoraba la Fiesta de las Luces judía. Entre camiones de comida, música en vivo y los últimos rayos del sol, familias y niños disfrutaban de un momento de alegría. Pero a las 7 de la tarde, el estruendo de los disparos desgarró la paz y convirtió el escenario en un pandemónium de terror.

Desde un puente peatonal, a pocos metros de un parque infantil, dos hombres armados —identificados posteriormente como Sajid Akram, de 50 años, y su hijo Naveed Akram, de 24— abrieron fuego contra la multitud desprevenida. “Fue una escena inconcebible… Que familias y niños de Bondi pudieran ser masacrados sólo por ser judíos”, relató conmocionado un testigo identificado como Barry. En medio del caos, donde cientos corrían despavoridos, emergió un acto de valor extraordinario: Ahmed al Ahmed, un frutero local de 43 años, se lanzó “como un auténtico héroe” contra uno de los atacantes, logrando arrebatarle el arma. Su intervención, que le costó heridas graves, fue calificada por las autoridades como decisiva para evitar una tragedia de proporciones aún mayores.

La policía de Nueva Gales del Sur confirmó en las horas siguientes la dimensión de la masacre: al menos 15 personas fallecidas —cifra que luego ascendió a 16— y 42 heridos hospitalizados. Entre las víctimas mortales se contaron figuras que añaden capas de profundo dolor a la tragedia: Alex Kleytman, un sobreviviente del Holocausto; el rabino Eli Schlanger, miembro del movimiento ultraortodoxo Chabad que organizaba el evento; una niña de apenas 10 años; el empresario Reuven Morrison; y el futbolista francés Dan Elkayam, prospecto de la Premier League inglesa. El ataque no fue un hecho aislado de violencia; la policía lo clasificó formalmente como un “incidente terrorista”, revelando el hallazgo de dos explosivos improvisados “rudimentarios” y activos en un vehículo vinculado a los agresores. El padre, Sajid Akram, quien poseía licencia para portar armas y tenía seis registradas a su nombre, fue abatido por la policía. Su hijo se encuentra en estado crítico pero estable.

La respuesta gubernamental no se hizo esperar. El primer ministro australiano, Anthony Albanese, con el rostro sombrío, calificó el hecho como “un acto de maldad, de antisemitismo y terrorismo que golpeó el corazón de nuestra nación”. Subrayó que fue un “ataque dirigido contra los judíos australianos” en un día que debería ser de “alegría y celebración de la fe”. Junto al primer ministro de Nueva Gales del Sur, Chris Minns, se comprometió a combatir el antisemitismo y anunció la revisión de las leyes de armas. Las banderas ondearán a media asta en señal de duelo.

Este ataque se produce en un contexto de creciente tensión para la comunidad judía en Australia. En diciembre de 2024, la sinagoga Adass-Israel de Melbourne fue incendiada en un acto catalogado como terrorista. Y apenas en agosto, el gobierno australiano expulsó al embajador iraní, acusando a la República Islámica de orquestar ataques contra judíos en el país. La sombra del odio antisemita, lejana para muchos, se cierne ahora con crudeza sobre las soleadas playas de Sídney, dejando una herida profunda en una nación que se pregunta, una vez más, cómo el terror pudo arraigar en un día dedicado a la luz.

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