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La Oposición Convierte una Tragedia en Arma Política

El descarrilamiento del Interoceánico: cuando la tragedia se tiñe de ciberacoso político

El silencio roto por los chirridos del metal y el grito colectivo aún resonaba en la zona del Istmo de Tehuantepec. Era la mañana del domingo cuando el Tren Interoceánico descarriló, dejando a su paso un saldo preliminar de 13 vidas truncadas y 98 personas heridas. Mientras los equipos de rescate se afanaban entre los hierros retorcidos y las familias comenzaban a vivir su peor pesadilla, otra máquina, implacable y digital, ya se había puesto en marcha en las redes sociales. No era una máquina de solidaridad, sino de aprovechamiento político.

Lejos de los llamados a la unidad o al respeto por el duelo, una parte de la clase política opositora y sus voceros mediáticos optaron por un guion ya conocido: el de la burla y la descalificación inmediata. La tragedia, aún caliente, fue convertida en munición para atacar al gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum y al emblemático proyecto de la Cuarta Transformación.

La crónica de esta otra vertiente de la desgracia se escribió con tuits y publicaciones. Una de las primeras en alzar la voz, con un tono que muchos calificaron de cínico, fue la diputada Margarita Zavala: “No es por el Día de los Inocentes… es real. Con el balastro de los amigos, no podía saberse. Mis oraciones a los afectados y sus familias”, escribió en su cuenta de X. Casi de manera simultánea, el empresario Ricardo Salinas Pliego cargó contra la operación militar del ferrocarril: “¿Qué demonios tiene que hacer la Marina operando trenes de pasajeros? ¿O acaso hay negocio para algunos asesores, constructores y operadores?”, cuestionó, tildando además a los trenes de “viejos, sucios, feos e inútiles”.

La lista de quienes usaron el momento para golpear no terminó ahí. Figuras como el alcalde de Benito Juárez, Santiago Taboada, el excongresista Javier Lozano y el dirigente nacional del PRI, Alejandro “Alito” Moreno, se sumaron al coro de señalamientos, exigiendo responsabilidades políticas incluso antes de que las investigaciones técnicas pudieran empezar. La narrativa escaló rápidamente en el Congreso, donde el PAN pidió la suspensión del servicio. El senador y líder de ese partido, Marko Cortés, llevó la retórica a su punto más álgido al calificar la tragedia como un “crimen de Estado”.

Este episodio no es aislado. Es el reflejo de una estrategia recurrente donde huracanes, inundaciones y accidentes se convierten en campo de batalla discursiva. Mientras las autoridades, incluida la presidenta Sheinbaum que se trasladó a Oaxaca para estar con las familias, enfocan sus esfuerzos en la atención a víctimas y en aclarar las causas del accidente, una parte de la oposición prioriza la raya política, evidenciando una vez más la profundización de las grietas que atraviesan al país, incluso en los momentos que demandan mayor empatía y responsabilidad cívica.

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