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China exhibe músculo militar con un cerco total sobre Taiwán

El Estrecho de Taiwán volvió a convertirse esta semana en el epicentro de la tensión global. Bajo el nombre clave “Misión Justicia 2025”, el Ejército Popular de Liberación (EPL) de China desplegó una operación de fuego real que, durante cuarenta y ocho horas, mantuvo en vilo a los 23 millones de habitantes de la isla y a la comunidad internacional. Con el rugir de aviones de combate y la imponente presencia de destructores y fragatas, Pekín ejecutó un simulacro de bloqueo que buscaba asfixiar los principales puertos taiwaneses.

La ofensiva no fue solo física, sino un mensaje político directo. El capitán Li Xi, portavoz del Mando del Teatro Oriental, confirmó el miércoles que los ejercicios se completaron “con éxito”, subrayando que sus tropas mantienen la guardia para “frustrar resueltamente” cualquier intento de independencia. Esta movilización ocurre en un contexto de alta volatilidad, desencadenada por la reciente aprobación de una venta récord de armamento de Estados Unidos a Taipéi y las contundentes declaraciones de la primera ministra japonesa, Sanae Takaichi, sobre una posible respuesta militar ante una agresión china.

Desde Taipéi, la respuesta fue de firmeza. Aunque la Guardia Costera taiwanesa confirmó el inicio de la retirada de los buques chinos, el gobierno calificó las maniobras como “altamente provocadoras y temerarias”. A pesar del asedio simulado, las autoridades de la isla aseguraron que China no logró imponer un cerco real, defendiendo la autonomía de un territorio que cuenta con su propio gobierno, moneda y ejército, a pesar de la falta de reconocimiento diplomático formal por gran parte del mundo.

El conflicto escaló al plano diplomático con condenas desde Tokio y Canberra. Australia y Japón expresaron su profunda preocupación por acciones que consideran “desestabilizadoras”. No obstante, Pekín no retrocedió. El portavoz de Exteriores, Lin Jian, tildó estas críticas de “hipócritas”, acusando a las potencias externas de ignorar a las fuerzas separatistas. En el fondo de esta demostración de fuerza resuena la promesa del presidente Xi Jinping: la reunificación es una “tendencia imparable”, un destino que China parece estar dispuesta a defender con el despliegue de su arsenal más avanzado.

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