A días del cierre de 2025, la calificadora Moody’s rebaja la nota crediticia de Nueva Elektra del Milenio, filial clave del imperio de Ricardo Salinas Pliego, por incumplimiento fiscal y deterioro financiero.
En los últimos compases de un año marcado por tensiones fiscales y escrutinio regulatorio, el gigante empresarial de Ricardo Salinas Pliego enfrenta uno de sus golpes más severos: la calificadora internacional Moody’s rebajó la calificación crediticia de Nueva Elektra del Milenio —la entidad que opera las tiendas Elektra, Salinas y Rocha— de Ba3 a B1, sacándola definitivamente del último peldaño del grado de inversión y posicionándola en el cuarto nivel del segmento especulativo, considerado de alto riesgo.
La decisión, anunciada a una semana del cierre de 2025, no fue caprichosa. Según el comunicado de Moody’s, la rebaja “refleja el deterioro de las métricas crediticias de Nueva Elektra del Milenio, el mayor apalancamiento y el flujo de caja libre, ahora negativo debido al pago de dividendos extraordinarios durante 2025”. Es decir, mientras la empresa distribuía ganancias a sus accionistas, su salud financiera se debilitaba.
Pero el trasfondo es aún más preocupante: el impago de impuestos por parte del grupo Salinas en México. El Servicio de Administración Tributaria (SAT), a través de su titular Antonio Dagnino, confirmó que enero de 2026 será el mes clave para que Salinas Pliego cumpla con una obligación fiscal histórica: 51 mil millones de pesos, resultado de resoluciones administrativas acumuladas entre 2013 y 2018 en distintas empresas del conglomerado.
Moody’s advirtió que “no se prevé una recuperación significativa a corto plazo” y destacó que, dadas las restricciones regulatorias que afectan al brazo financiero de Elektra —como Banco Azteca—, los recursos para cubrir estas contingencias fiscales deberán provenir exclusivamente del segmento comercial: las ventas de electrodomésticos, muebles y productos minoristas que generan ingresos diarios en miles de tiendas a lo largo del país.
Esta presión dual —fiscal y financiera— pone en jaque la estrategia de expansión del Grupo Salinas, que en años recientes ha invertido en medios (TV Azteca), telecomunicaciones (Totalplay) y banca digital. Ahora, con el flujo de caja comprometido y la calificación crediticia en caída libre, el grupo enfrenta una tesitura delicada: priorizar el cumplimiento tributario o mantener su estructura operativa.
Analistas consultados señalan que, aunque el Grupo Salinas posee activos considerables, la concentración del control en una figura —Salinas Pliego— y la interconexión entre sus empresas generan riesgos sistémicos. Un incumplimiento fiscal de esta magnitud no solo afecta a Nueva Elektra del Milenio, sino que podría desencadenar revisiones en otras entidades del conglomerado.
Mientras tanto, los inversionistas observan con cautela. La caída a B1 dificultará el acceso a financiamiento barato y elevará los costos de deuda. Y con enero a la vuelta de la esquina, todo el peso recae sobre las arcas comerciales del grupo… y sobre la capacidad de su líder para navegar una de las crisis más complejas de su carrera empresarial.
