
Sheinbaum defiende el modelo progresista en América Latina al contrastar el desempeño económico y social de México y Colombia frente al colapso argentino
En un discurso cargado de convicción ideológica y respaldado por cifras contundentes, la presidenta de México, Claudia Sheinbaum, lanzó un contundente mensaje a favor de los gobiernos de izquierda en el continente americano. Desde la tribuna del Palacio Nacional, Sheinbaum no solo defendió el rumbo de su administración, sino que trazó una línea clara entre lo que considera el éxito progresista y el fracaso neoliberal.
“Ahí están las monedas nomás”, afirmó con firmeza, citando datos económicos que, según su visión, reflejan la eficacia de los gobiernos de izquierda. Señaló que el peso colombiano ha registrado una apreciación del 14.3% y el peso mexicano del 13.8%, mientras que el peso argentino se ha desplomado con una depreciación del 40.8%. Para Sheinbaum, estos números no son meros indicadores macroeconómicos, sino evidencia tangible de que los modelos progresistas garantizan estabilidad y bienestar.
Pero más allá de las divisas, la mandataria mexicana elevó el debate al plano ético y social. “Los gobiernos progresistas, además de defender la democracia, defienden las libertades”, dijo. Y cuestionó el concepto de libertad promovido por la derecha: “Hablan de la libertad del mercado, pero con salarios que no permiten comprar ni lo más básico… ¿pues qué libertad es esa? Eso no es libertad”.
En su discurso, Sheinbaum subrayó que la verdadera libertad no puede existir sin derechos sociales garantizados por un Estado fuerte. Denunció que la derecha “piensa que no hay derechos: que la educación no es un derecho, que la salud no es un derecho, que el acceso a la vivienda no es un derecho, que un salario digno no es un derecho”. En contraste, señaló que los gobiernos de izquierda entienden que el mercado, aunque necesario, no puede ser el único regulador de la vida social.
Recordó que México “ya vivió muchos años de neoliberalismo y a lo que llevó fue a más pobreza y más desigualdad”. Por eso, insistió en que la estabilidad económica no debe lograrse a costa de los derechos humanos ni del bienestar colectivo. “Sí hay que mantener la fuerza del mercado”, reconoció, “pero el punto central es un Estado fuerte que garantice derechos a todas y a todos”.
Su mensaje, más allá de una defensa política, resonó como una declaración de principios: en un continente marcado por crisis económicas y sociales, los gobiernos progresistas no solo buscan equilibrio fiscal, sino justicia social. Y según Sheinbaum, los resultados están a la vista —no solo en los mercados, sino en la vida de millones.