La Casa Blanca publica fotos inéditas de Trump y su equipo siguiendo en tiempo real la operación militar contra Caracas; Maduro, según Washington, fue sorprendido en una “fortaleza” y ahora está rumbo a EE.UU. para enfrentar cargos de narcoterrorismo
En una escena que parece sacada de una película de espionaje, la Casa Blanca ha difundido imágenes del presidente Donald Trump y su equipo de seguridad nacional observando en vivo, desde la Sala de Situación, la operación militar que culminó con la captura de Nicolás Maduro y su esposa, Cilia Flores, en la madrugada del sábado en Caracas. Las fotografías —impensables en cualquier otro contexto diplomático— reflejan la normalización de la intervención militar directa como instrumento de política exterior estadounidense.
Según el relato detallado por el propio Trump en una entrevista posterior, la operación fue ejecutada con precisión quirúrgica. “Maduro estaba en una vivienda que se parecía más a una fortaleza que a una casa”, describió el mandatario. “Tenía puertas de acero, un espacio de seguridad con acero sólido por todas partes… pero no logró entrar. Lo sorprendieron tan rápido que no llegó a esa zona”. Añadió, con aires de suficiencia: “Teníamos sopletes enormes… pero no los necesitamos”.
El presidente confirmó que Maduro y Flores fueron trasladados “fuera del país” y que actualmente se encuentran a bordo de un buque militar estadounidense, en ruta hacia Nueva York o Miami, donde enfrentarán la justicia. “Pronto se enfrentarán a todo el poder de la Justicia estadounidense”, advirtió.
La fiscal general Pamela Bondi ratificó los cargos: conspiración narcoterrorista, tráfico internacional de cocaína, posesión y conspiración para usar ametralladoras y dispositivos destructivos contra EE.UU. Ambos fueron formalmente imputados en el Distrito Sur de Nueva York, uno de los tribunales más poderosos del mundo en casos de crimen transnacional.
Mientras Washington celebra lo que califica como “el fin de una dictadura”, en Caracas reina la indignación. El gobierno venezolano ha calificado la acción como una “gravísima agresión militar” y una “violación flagrante de la Carta de las Naciones Unidas”, al vulnerar los principios de soberanía, no intervención y prohibición del uso de la fuerza. “El objetivo no es otro que apoderarse de los recursos estratégicos de Venezuela: petróleo, oro, coltán”, denunció un comunicado oficial.
La vicepresidenta Delcy Rodríguez, quien confirmó la detención, exigió de inmediato una “prueba de vida inmediata” de la pareja presidencial, y llamó a la comunidad internacional a condenar lo que considera un acto colonial disfrazado de justicia.
Mientras tanto, las imágenes de Trump en la Sala de Situación —con expresión seria, rodeado de generales y asesores— han generado debate global. Para unos, es un símbolo de liderazgo firme; para otros, la prueba de que EE.UU. ya no oculta su intervencionismo, sino que lo exhibe como trofeo.
Lo que está en juego trasciende a Venezuela. Si un país puede ser invadido, su presidente secuestrado y juzgado en tribunales extranjeros sin mandato internacional, ninguna nación está a salvo. Y en esta nueva era de realpolitik, la ley parece depender no de los tratados, sino del poderío de quien la impone.
