Venezuela denuncia agresión militar de EE.UU. y exige liberación inmediata de Maduro

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Tras el supuesto secuestro de Nicolás Maduro y su esposa en Caracas, Delcy Rodríguez encabeza una respuesta nacional e internacional que califica la operación estadounidense como una violación flagrante al derecho internacional y una intentona colonial por los recursos venezolanos

La madrugada del sábado 4 de enero de 2026 quedará grabada en la memoria colectiva de Venezuela como una de las más oscuras de su historia republicana. Según el gobierno bolivariano, fuerzas estadounidenses ejecutaron un ataque armado contra Caracas, Miranda, La Guaira y Aragua, culminando con la captura del presidente Nicolás Maduro y la primera dama, Cilia Flores, quienes fueron trasladados “fuera del país” en una operación que Caracas califica como “gravísima agresión militar”.

En una comparecencia urgente desde el Palacio de Miraflores, la vicepresidenta Delcy Rodríguez se dirigió al mundo con una mezcla de indignación, firmeza y llamado a la resistencia. “Hemos convocado al Consejo de Defensa de la Nación. Exigimos la inmediata liberación del presidente Nicolás Maduro y de su esposa”, declaró, reafirmando que Maduro es “el único presidente de Venezuela” y que su detención constituye un ataque salvaje contra la integridad territorial del país.

Rodríguez no dudó en señalar el verdadero móvil detrás de la operación: “El objetivo de Washington es la toma de nuestros recursos minerales y naturales, especialmente el petróleo”. Y fue más lejos: denunció que la agresión tiene “tinte sionista”, una acusación que ha provocado polémica, pero que refuerza el discurso antiimperialista del régimen bolivariano. “Es realmente vergonzoso”, afirmó con voz temblorosa.

La reacción no se limitó al discurso. En un comunicado oficial, el gobierno venezolano condenó la acción como una violación flagrante de la Carta de las Naciones Unidas, particularmente de los artículos que protegen la soberanía, la prohibición del uso de la fuerza y la igualdad jurídica entre Estados. “Este acto amenaza la paz y estabilidad internacional, especialmente en América Latina y el Caribe”, advirtió el texto.

Pero Venezuela no está sola. Según Rodríguez, una ola de apoyo internacional se ha levantado: desde Rusia, China, África, Asia, el Caribe y América Latina, gobiernos han expresado su rechazo. Moscú, en particular, instó a “crear condiciones para resolver el conflicto mediante el diálogo” y exigió la liberación de Maduro.

Mientras tanto, en Washington, el tono es de triunfo. La fiscal general Pamela Bondi anunció que Maduro y Flores “enfrentarán la ira de la Justicia estadounidense”, acusados de narcoterrorismo. Y Donald Trump, lejos de desescalar, amenazó con un “segundo ataque mucho mayor” si fuera necesario.

Pero en Caracas, el mensaje es de resistencia histórica. “Jamás volveremos a ser esclavos, jamás volveremos a ser colonia”, proclamó Rodríguez, evocando los ideales de la independencia. Y dejó una advertencia clara: “Los extremistas que promovieron esta agresión… la historia y la justicia se los hará pagar”.

En medio del caos y la incertidumbre, Venezuela se aferra a su soberanía. Mientras el mundo observa, el país enfrenta su prueba más extrema: defender su derecho a existir como nación libre, con sus recursos, su gobierno y su destino en sus propias manos.

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