Una encuesta de Reuters/Ipsos revela una nación dividida: la mayoría de los estadounidenses rechaza la operación militar que capturó a Maduro, pero dentro del Partido Republicano crece un sector que apoya el control directo de Venezuela y sus recursos petroleros
Nueva York, 9 de enero de 2026 — Mientras Nicolás Maduro permanece detenido en una celda de Brooklyn y Donald Trump proclama que “EE.UU. controlará Venezuela”, una encuesta nacional ha expuesto una profunda fractura en la opinión pública estadounidense. Según un sondeo de Reuters/Ipsos realizado entre 1,248 adultos, el 72% de los ciudadanos desaprueba la operación militar unilateral que, en la madrugada del 3 de enero, irrumpió en Caracas, dejó al menos 80 muertos y culminó con el secuestro y traslado del presidente venezolano a Nueva York para ser juzgado por cargos de narcotráfico.
El rechazo no es solo moral: 7 de cada 10 estadounidenses temen que su país se involucre demasiado en los asuntos venezolanos. Pero detrás de ese consenso mayoritario, se esconde una división partidista sin precedentes. Mientras solo el 11% de los demócratas y 23% de los independientes apoyan la operación, el 65% de los republicanos la respalda, reflejando una transformación ideológica en el partido que alguna vez abrazó el “América First” como sinónimo de no intervención.
El giro de Trump ha sido drástico. Años atrás, criticaba ferozmente las intervenciones en Irak o Libia. Hoy, asegura que EE.UU. gobernará Venezuela “por un periodo no especificado”, no descarta el envío de tropas terrestres y exige “acceso total a los yacimientos petrolíferos”. Y una parte significativa de su base lo sigue: el 65% de los republicanos apoya que Washington gobierne Venezuela, el 59% respalda la toma de los campos petroleros, y el 60% está a favor de enviar tropas.
Sin embargo, incluso entre los republicanos hay fisuras. El 54% teme un involucramiento excesivo, el mismo porcentaje se preocupa por los costos financieros, y el 64% teme por la vida de los soldados. Estas cifras revelan que, incluso en el seno del partido trumpista, la guerra no es popular, y que el entusiasmo por el control imperial choca con el instinto de autopreservación del electorado.
La operación en Venezuela, presentada como una “misión de justicia” contra el “narcoterrorismo”, ha abierto un debate más profundo: ¿Está EE.UU. volviendo a su vieja política de intervención en América Latina? La respuesta de la ciudadanía es clara: la mayoría no quiere otro Vietnam, ni otro Irak, ni siquiera en Caracas.
Mientras tanto, la aprobación de Trump sube al 42%, su nivel más alto desde octubre, lo que sugiere que, para una minoría influyente, la imagen de un líder fuerte que “toma lo que necesita” sigue siendo atractiva. Pero el costo podría ser alto: una nueva era de imperialismo que aísla a EE.UU. del mundo y divide a su propia sociedad.
En un momento en que la democracia estadounidense se tambalea entre el aislacionismo y el intervencionismo, la encuesta no solo mide opiniones: revela el alma de una nación en conflicto consigo misma.
