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México refina 80% de su gasolina: el salto hacia la soberanía energética

De apenas 30% en 2018 a casi 80% hoy: la transformación de la industria petrolera mexicana bajo una política que prioriza la soberanía nacional, la rehabilitación de Pemex y la construcción de infraestructura estratégica como la refinería Olmeca

Hace seis años, México dependía del extranjero para el 70% de la gasolina que consumía. Compraba combustible en Texas, Louisiana y Singapur, mientras sus seis refinerías —joyas de la ingeniería nacional del siglo XX— languidecían en el abandono. Hoy, en 2026, la realidad es otra: el 80% de la gasolina que circula en el país se refina en suelo mexicano, un logro que la presidenta Claudia Sheinbaum califica como un “pilar de la soberanía nacional”.

Durante su conferencia matutina del 7 de enero, Sheinbaum hizo un recuento histórico de la transformación energética impulsada desde 2018, cuando el expresidente Andrés Manuel López Obrador decidió revertir décadas de políticas neoliberales que, según ella, buscaron “desmantelar deliberadamente” a Petróleos Mexicanos (Pemex) y a la Comisión Federal de Electricidad (CFE).

“Se nos dijo que refinar no era rentable, que era mejor exportar crudo y comprar gasolina ya hecha”, recordó Sheinbaum. “Pero eso nos dejó en manos del exterior, vulnerables a los vaivenes del mercado y a las decisiones de otros países”. Esa política, añadió, no solo generó dependencia, sino que endeudó a Pemex hasta niveles insostenibles entre 2006 y 2018, en medio de escándalos de corrupción y desinversión.

El cambio de rumbo fue radical. En lugar de privatizar, el gobierno apostó por rehabilitar las seis refinerías nacionales. La de Tula, en Hidalgo, prácticamente paralizada en 2018, hoy es símbolo de ese renacimiento: allí se inauguró recientemente la instalación de un reactor hidrodesulfurizador de naftas, tecnología clave para producir combustibles más limpios y eficientes.

Pero no se detuvo ahí. México compró la refinería de Deer Park en Texas —en sociedad con Chevron— para asegurar capacidad adicional, y construyó desde cero la refinería Olmeca en Dos Bocas, Tabasco, la primera en más de 40 años, diseñada para procesar hasta 300,000 barriles diarios y convertirse en la más moderna de América Latina.

“Hoy estamos produciendo prácticamente el 80 por ciento de lo que consumimos; en 2018 era el 30 por ciento”, subrayó Sheinbaum, destacando que este avance no solo reduce la dependencia exterior, sino que fortalece la economía nacional, crea empleos y recupera capacidades técnicas que parecían perdidas.

La mandataria también reconoció el rol del pueblo y los trabajadores: “Fueron ellos quienes evitaron la privatización de Pemex y de la CFE”, dijo, en un homenaje velado a los movimientos sociales que han defendido el carácter constitucional del sector energético.

Y aunque su gobierno reconoce los desafíos del cambio climático, Sheinbaum insistió en que la estrategia no es abandonar el petróleo de golpe, sino producirlo de forma responsable, al tiempo que se impulsa la transición energética. “Estamos invirtiendo en energías renovables y buscando reducir la dependencia del gas natural importado, que actualmente proviene en un 90% de Texas”, explicó.

En un mundo donde la seguridad energética define la autonomía de las naciones, México ha decidido que su energía no será un bien de consumo externo, sino un pilar de su independencia. Y esa decisión, como afirmó Sheinbaum, “no es solo técnica: es profundamente política, histórica y patriótica”.

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