“Nicolasito” respalda a Delcy Rodríguez y promete el regreso de Maduro

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En una emotiva sesión de instalación del Parlamento chavista, el hijo de Nicolás Maduro juró lealtad a la presidenta interina Delcy Rodríguez y aseguró que su padre y Cilia Flores “volverán más temprano que tarde” tras ser trasladados ilegalmente a Nueva York

Caracas, 5 de enero de 2026 — El hemiciclo del Parlamento venezolano, con sus paredes empapeladas en rojo y una gigantesca fotografía de Nicolás Maduro y Cilia Flores presidiendo la tribuna, fue escenario de una ceremonia cargada de emoción, lealtad y resistencia simbólica. En medio de un silencio roto solo por el grito colectivo de “¡Vamos Nico!” —consigna de la campaña de 2024 cuya victoria fue ignorada por EE.UU. y la oposición—, el diputado Nicolás Maduro Guerra, hijo del presidente secuestrado, se dirigió a la nueva mandataria con voz quebrada pero firme.

“A ti, Delcy Eloína, mi apoyo incondicional en la tarea tan dura que te toca. Cuenta conmigo”, declaró “Nicolasito”, como es conocido popularmente, antes de volverse hacia una imagen de su padre y añadir entre lágrimas: “La patria está en buenas manos, papá, y pronto nos vamos a abrazar aquí en Venezuela”.

La sesión marcaba el inicio formal del nuevo período legislativo, en el que el chavismo mantiene una abrumadora mayoría de 256 de 285 diputados, consolidando su control institucional en medio de la crisis más grave desde 1999. Tras el ataque militar estadounidense del 3 de enero, que dejó al menos 80 muertos y culminó con la captura de Maduro y Flores en Caracas, el poder fue asumido de forma constitucional por la vicepresidenta Delcy Rodríguez, quien ejercerá como presidenta interina por 90 días prorrogables.

Pero el verdadero mensaje de la jornada fue de unidad y resistencia. El hermano de Delcy, Jorge Rodríguez, fue reelecto presidente del Parlamento y recibió una misión explícita: gestionar la liberación de la pareja presidencial. “Mi función principal en los días por venir será recurrir a todos los procedimientos, a todas las tribunas y a todos los espacios para lograr traer de vuelta a Nicolás Maduro Moros, mi hermano, mi presidente”, afirmó desde la tribuna, mientras una flor roja ocupaba simbólicamente el escaño vacío de Cilia Flores.

Horas antes, en una corte de Nueva York, Maduro y Flores se habían declarado “no culpables” de cargos de narcoterrorismo y tráfico de drogas. Ambos afirmaron que fueron trasladados ilegalmente tras una operación militar que violó la soberanía venezolana. Su defensa, liderada por Barry Pollack, ya calificó el caso como un “secuestro político”.

Mientras tanto, en Caracas, el Parlamento chavista envió un mensaje claro a Washington: Venezuela no se rinde. La sesión no fue solo protocolaria; fue un acto de afirmación de legitimidad frente a lo que el gobierno bolivariano considera un golpe de Estado encubierto. Al mantener la estructura constitucional, designar una sucesión legal y movilizar todos los canales diplomáticos, el régimen busca evitar el vacío de poder que EE.U.U. espera explotar.

En las calles, el clima es de incertidumbre, pero también de movilización. Los partidos oficialistas han llamado a defender “la continuidad de la revolución”, mientras desde Moscú, Pekín y La Habana llegan mensajes de apoyo. América Latina observa con tensión: si Venezuela logra resistir esta embestida, podría marcar un freno al intervencionismo hemisférico. Si fracasa, será el precedente definitivo para futuras operaciones similares.

Por ahora, en el Parlamento, las lágrimas de un hijo y la flor roja en un escaño vacío simbolizan lo que el chavismo llama “dignidad frente al imperio”. Y aunque Maduro esté en una celda de Brooklyn, su imagen sigue vigente en Caracas —vigilante, omnipresente, y, para sus seguidores, pronto de regreso.

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