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Trump denuncia “cámara de tortura” en Caracas y presume operación con 152 aviones

En medio de una escalada retórica, Donald Trump acusa a Maduro de operar una “cámara de tortura” en el corazón de Caracas, presume una operación aérea masiva y minimiza al mandatario venezolano con burlas personales, mientras Venezuela permanece en silencio oficial

Washington, 9 de enero de 2026 — Desde el Salón Oval, el presidente Donald Trump volvió a sacudir la ya frágil estabilidad de América Latina con una serie de declaraciones explosivas que mezclan graves acusaciones, datos operativos imprecisos y burlas personales contra el presidente venezolano Nicolás Maduro, actualmente detenido en Nueva York tras una operación militar estadounidense.

En un mensaje difundido este martes, Trump afirmó sin pruebas públicas: “Tenían una cámara de tortura en medio de Caracas, que ahora está siendo clausurada”. La frase, dicha con la contundencia de un hecho verificado, ha generado alarma internacional, aunque ni el Pentágono, ni la DEA, ni agencias de inteligencia han publicado evidencia que respalde la existencia de dicho sitio. Tampoco se ha revelado su ubicación, responsables o víctimas.

Pero más allá de la acusación, lo que llamó la atención fue el tono despreocupado y casi festivo con el que Trump enmarcó su narrativa. Describió a Maduro como “un tipo violento” y, en un giro inesperado, añadió con sorna: “Se sube allí y trata de imitar un poco mi baile”, en una clara alusión a sus célebres gestos en mítines. Esta mezcla de gravedad y ridiculez ha sido característica de su enfoque hacia líderes adversarios, pero adquiere un matiz inquietante tras una invasión que dejó decenas de muertos.

Trump también aprovechó para presumir el poderío militar de EE.UU., asegurando que “152 aviones participaron en operación en Venezuela”. Aunque no especificó si se trataba de cazas, bombarderos, drones o helicópteros, ni el objetivo táctico de la misión, la cifra —ligeramente distinta a los “más de 150” mencionados anteriormente por el Estado Mayor— refuerza la imagen de una operación sin precedentes en el hemisferio.

Además, describió un apagón nacional como símbolo del colapso venezolano: “Se cortó la electricidad en casi todo el país… Las únicas personas con luz eran las que tenían velas”. Aunque apagones son comunes en Venezuela por la crisis energética, Trump los presentó como consecuencia directa de su intervención, sugiriendo un control absoluto sobre la infraestructura nacional.

Hasta el momento, el gobierno venezolano —ahora encabezado por la presidenta interina Delcy Rodríguez— no ha emitido una respuesta oficial. Fuentes diplomáticas indican que están evaluando si las acusaciones formarán parte de la defensa de Maduro en su juicio, o si se denunciarán como propaganda de guerra para justificar la ocupación.

Mientras tanto, en la ONU y en cancillerías de todo el mundo, las declaraciones de Trump han reavivado el debate: ¿Se trata de información veraz desclasificada, o de una narrativa fabricada para legitimar una acción ilegal? Historiadores recuerdan que acusaciones similares —como las “armas de destrucción masiva” en Irak— sirvieron como pretexto para invasiones que luego se demostraron infundadas.

Lo que sí es innegable es que, con cada declaración, Trump normaliza la intervención militar como herramienta de política exterior y dibuja un nuevo mapa del poder en América Latina: uno en el que EE.UU. no solo juzga, sino que ejecuta, ocupa y redefine la realidad a su conveniencia.

Y en ese relato, hasta una “cámara de tortura” puede convertirse en arma de guerra… aunque nadie la haya visto.

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