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Venezuela fue solo el comienzo: EE.UU. advierte a América Latina con estrategia de fuerza

Tras la intervención en Venezuela, expertos advierten que Washington ha activado una nueva doctrina de coerción en América Latina: Colombia, Cuba y México están en la mira, y el mensaje es claro: alinearse o enfrentar consecuencias

La madrugada del 3 de enero de 2026 no solo cambió el destino de Venezuela; redibujó el mapa de poder en todo el hemisferio occidental. El ataque militar unilateral de Estados Unidos, que culminó con el secuestro de Nicolás Maduro y la instalación de un gobierno provisional bajo tutela estadounidense, no fue solo una operación antinarcóticos, como alega Washington. Para analistas internacionales, fue la primera demostración práctica de una estrategia de seguridad nacional que prioriza el control absoluto del patio trasero de EE.UU. mediante la combinación de coerción económica, presión política y amenaza militar.

“Estados Unidos afirma que tiene derecho a presionar e intervenir en la región para alinearla con sus intereses de seguridad”, señaló Elizabeth Dickinson, analista senior del International Crisis Group, en una entrevista con DW. Y fue más directa: “O se alinean con la política de Trump o enfrentan este tipo de repercusiones”.

El mensaje no cayó en oídos sordos. En Bogotá, La Habana y Ciudad de México, los gobiernos corrieron a reevaluar sus posturas. Colombia, por su proximidad geográfica y sus tensiones con Washington por la política de drogas del presidente Gustavo Petro, aparece como el próximo blanco potencial. Trump ya lo calificó como un “hombre enfermo” que “fabrica cocaína”, y cuando le preguntaron si apoyaría una intervención militar, respondió: “Me parece bien”.

Aunque Dickinson descarta una invasión inminente —la operación en Venezuela requirió meses de preparación—, advierte que el verdadero objetivo podría ser influir en las elecciones presidenciales de mayo en Colombia. “Un gobierno más alineado con la lucha contra el narcotráfico y el control migratorio sería preferible para Washington”, explicó.

Cuba, por su parte, sigue siendo una obsesión histórica del círculo duro de Trump, especialmente del secretario de Estado Marco Rubio, hijo de exiliados cubanos. Maureen Meyer, vicepresidenta de la Oficina en Washington para América Latina (WOLA), señaló que EE.UU. busca debilitar aún más la economía cubana al romper su vínculo energético con Venezuela. “La Habana está en una posición especialmente vulnerable”, advirtió, aunque una invasión militar sigue siendo incierta.

México, en cambio, representa un caso distinto. Aunque ha cedido en temas como migración y drogas bajo amenazas de aranceles y tropas, la presidenta Claudia Sheinbaum se ha mantenido firme en su postura de “cooperación sin subordinación”. Pero Trump no lo toleró: horas después del ataque a Venezuela, la llamó “débil” y afirmó: “Ella no gobierna México, lo hacen los cárteles”.

Este giro marca un antes y un después. “No es solo papel; Washington está actuando de forma activa y sorprendente”, dijo Meyer. Y subrayó que la región percibe un regreso a la “diplomacia de las cañoneras”, una era en la que las potencias imponían su voluntad con barcos de guerra.

El mayor peligro, según los expertos, no es la invasión inmediata, sino el precedente que se ha sentado. “La posibilidad de una intervención actúa como presión constante”, explicó Dickinson. Y Meyer fue aún más lejos: “Se ha establecido un precedente peligroso”.

Ahora, todos los gobiernos latinoamericanos observan con ansiedad cómo EE.UU. gestiona la “transición” en Venezuela. Porque si este modelo funciona, será replicado. Y si fracasa, el caos podría extenderse. En medio de esta incertidumbre, una cosa es clara: América Latina ya no es un espacio de diálogo, sino un campo de pruebas del nuevo imperialismo estadounidense.

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