En una llamada estratégica del 8 de enero, las presidentas de México y Brasil reafirman su compromiso con la defensa de la soberanía regional, coordinan agendas de seguridad y género, y preparan una visita bilateral en medio de tensiones con EE.UU.
Ciudad de México, 9 de enero de 2026 — En un mundo donde las amenazas a la soberanía latinoamericana se multiplican, dos de las voces más influyentes de la región entrelazaron sus estrategias en una llamada que trascendió lo protocolario. La presidenta Claudia Sheinbaum y su homólogo brasileño, Luiz Inácio Lula da Silva, sostuvieron una conversación profunda el pasado 8 de enero centrada en un tema urgente: la defensa de la soberanía de América Latina frente a injerencias externas.
Durante su conferencia mañanera, Sheinbaum reveló que el diálogo abarcó desde la situación geopolítica continental hasta la cooperación bilateral en materia de seguridad, género y diplomacia. En un contexto marcado por la reciente invasión estadounidense a Venezuela y las amenazas de Donald Trump contra México y Colombia, el mensaje fue claro: América Latina no será patio trasero de nadie.
La mandataria mexicana explicó a Lula los lineamientos del Entendimiento de Cooperación en materia de seguridad que su gobierno mantiene con Estados Unidos, enfatizando que se trata de una relación basada en “cooperación sin subordinación”. “Le compartí cómo estamos fortaleciendo este marco, siempre respetando nuestra autonomía”, señaló Sheinbaum, en una clara distinción entre colaboración y tutelaje.
Pero la alianza va más allá de la seguridad. Ambos líderes dieron seguimiento a la visita de la delegación brasileña encabezada por el vicepresidente Geraldo Alckmin en agosto de 2025, y Lula extendió formalmente una invitación para que Sheinbaum visite Brasil en mayo de 2026. “Será revisada próximamente”, dijo la presidenta, dejando entrever que el encuentro podría consolidar una nueva etapa en la relación estratégica entre las dos potencias regionales.
Además, el diálogo incluyó un eje progresista clave: la lucha contra la violencia de género. Lula compartió con Sheinbaum las políticas que ha implementado en Brasil para proteger a las mujeres, y la presidenta mexicana propuso un diálogo bilateral entre Citlalli Hernández Mora, secretaria de las Mujeres de México, y sus contrapartes brasileñas. Una muestra de que la integración regional también se construye desde la justicia social y los derechos humanos.
Paralelamente, Sheinbaum anunció una acción diplomática inmediata: instruyó al canciller Juan Ramón de la Fuente a establecer “contacto directo” con el secretario de Estado de EE.UU., Marco Rubio, para “robustecer la colaboración” tras las polémicas declaraciones de Trump sobre operativos militares en suelo mexicano. La jugada es doble: por un lado, contener la escalada retórica desde Washington; por otro, demostrar a aliados como Brasil que México maneja sus relaciones con firmeza y autonomía.
En un momento en que la región enfrenta presiones sin precedentes —desde intervenciones militares hasta campañas de desestabilización—, la llamada entre Sheinbaum y Lula no fue solo una conversación: fue un acto de resistencia colectiva. Porque cuando dos gigantes latinoamericanos se unen en defensa de su soberanía, el mensaje resuena en todo el hemisferio: aquí mandan los pueblos, no las potencias.
