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ICE se triplica bajo Trump: reclutamiento masivo, entrenamiento acelerado y protestas nacionales

La máquina de deportación: cómo el ICE se convirtió en el brazo armado de la agenda trumpista

En menos de un año, el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) ha experimentado una transformación sin precedentes. Desde que Donald Trump asumió su segunda presidencia, el número de agentes saltó de 10,000 a 22,000, en lo que el Departamento de Seguridad Nacional (DHS) ha llamado una “campaña de reclutamiento en tiempos de guerra”. Pero esta expansión récord ha generado alarma entre expertos, activistas y hasta dentro del propio sistema judicial.

El crecimiento vertiginoso ha venido acompañado de recortes drásticos en el entrenamiento: de 16 semanas se redujo a solo 8. Aprender español —el idioma de la mayoría de los migrantes— ya no es obligatorio. Y los límites de edad, antes estrictos, han sido eliminados por completo, abriendo las puertas a candidatos mucho más jóvenes o mayores, sin experiencia previa en aplicación de la ley.

La campaña de reclutamiento, financiada con 100 millones de dólares en publicidad, utiliza símbolos cargados de historia: el icónico “Tío Sam” y la controvertida pintura American Progress, que glorifica la expansión territorial blanca mientras los pueblos originarios retroceden. Los anuncios no aparecen al azar: mediante geocercado digital, se dirigen a personas cerca de bases militares, ferias de armas, estadios deportivos y eventos conservadores, buscando “estadounidenses patriotas” alineados con la visión trumpista.

Los incentivos son jugosos: bonos de hasta 50,000 dólares, condonación de deudas estudiantiles y pagos anticipados. “La campaña se dirige a subempleados y familias trabajadoras”, explica la profesora de derecho Melissa Hamilton, exoficial de policía. “Probablemente no sea atractiva para quienes se interesan por la justicia social”.

Pero la expansión tiene un costo humano. El 7 de enero, un agente del ICE disparó y mató a Renee Nicole Good, un hecho que desató protestas masivas en todo el país y provocó la renuncia de una docena de fiscales federales en Minnesota. La comunidad inmigrante vive con miedo, mientras los críticos cuestionan si estos nuevos agentes están preparados para manejar operativos complejos que involucran derechos humanos, asilo y protección familiar.

A pesar de las críticas, el DHS celebra el reclutamiento como un triunfo. “Con estos nuevos patriotas en el equipo, podremos lograr lo que muchos consideran imposible”, declaró un alto funcionario, refiriéndose a la promesa de Trump de hacer de EE.UU. “un país seguro” mediante la deportación masiva.

La “Gran y hermosa ley” —aprobada recientemente— otorga al ICE un presupuesto de 170,000 millones de dólares en cuatro años, consolidando su rol como eje central de la política migratoria. Pero mientras el gobierno celebra cifras, muchos se preguntan: ¿a qué precio? ¿Se está construyendo una fuerza de seguridad… o una milicia ideológica?

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