De la privatización al renacimiento: cómo México recupera su capacidad para alimentarse a sí mismo
En una mañana fría del 13 de enero, desde el corazón del Palacio Nacional, la presidenta Claudia Sheinbaum lanzó un mensaje contundente: México ya no dependerá del extranjero para producir su alimento. Durante su conferencia mañanera, anunció el fortalecimiento de la producción nacional de fertilizantes, un pilar esencial para garantizar la autosuficiencia alimentaria y apoyar directamente a millones de pequeños productores rurales.
El relato comenzó con una mirada al pasado. Sheinbaum recordó que durante el periodo neoliberal, gran parte de la industria petroquímica de Petróleos Mexicanos (Pemex) —incluida la producción de fertilizantes— fue desmantelada y privatizada. “Había una empresa, Fertimex, en Coatzacoalcos. La privatizan… y en los meses siguientes cierran la planta. Los nuevos dueños empiezan a importar fertilizantes”, explicó con indignación. El resultado: México perdió toda su capacidad productiva y terminó dependiendo casi por completo de insumos extranjeros.
Pero la historia tomó un giro con la Cuarta Transformación. Durante el gobierno de Andrés Manuel López Obrador, el Estado recuperó activos estratégicos como la Planta Fertinal, ubicada en Lázaro Cárdenas, Michoacán. “Ya produce fertilizantes y se está modernizando”, destacó Sheinbaum, tras visitarla el pasado 11 de enero. Allí supervisó avances en infraestructura, incluyendo una nueva subestación eléctrica, y anunció un ambicioso proyecto: un amoniaducto que atravesará el Istmo de Tehuantepec, conectará Salina Cruz con Fertinal y potenciará la producción nacional.
La estrategia va más allá de la logística. La mayoría de los fertilizantes producidos por Pemex se entregan de manera gratuita a pequeños agricultores a través de la Secretaría de Agricultura y Desarrollo Rural (SADER). Otra parte se exporta, generando ingresos. Además, Sheinbaum subrayó que Pemex, en coordinación con trabajadores mineros, produce internamente la materia prima necesaria, creando un ciclo integral y soberano.
“Esto permite asegurar el abasto interno y mejorar las condiciones de producción agrícola en el país”, afirmó la mandataria, vinculando claramente la política industrial con la seguridad alimentaria. En un mundo marcado por crisis geopolíticas, sequías y especulación en mercados globales, la decisión de recuperar la producción de fertilizantes no es solo económica: es estratégica y soberana.
El mensaje es claro: el campo mexicano ya no será rehén de corporaciones extranjeras ni de fluctuaciones internacionales. Con plantas reactivadas, inversiones en infraestructura y un modelo centrado en el pequeño productor, México construye las bases para sembrar su propio futuro —literalmente.
