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Trump exige Groenlandia: ‘Cualquier cosa menos que EE.UU. la controle es inaceptable

El hielo ártico se derrite bajo la presión imperial: la obsesión de Trump por Groenlandia divide a la OTAN

En una mañana gélida de enero, mientras el viento ártico azota las calles de Nuuk, la capital groenlandesa, un mensaje incendiario llega desde Washington: “Cualquier cosa salvo que Groenlandia esté en manos de Estados Unidos es inaceptable”. Lo escribió Donald Trump en su red social, horas antes de que su vicepresidente, JD Vance, recibiera a altos funcionarios daneses y groenlandeses en la capital estadounidense para una reunión que promete ser tensa.

La isla, con apenas 56,000 habitantes pero estratégicamente ubicada entre Europa y América del Norte, se ha convertido en el epicentro de una tormenta geopolítica. Trump insiste: “Necesitamos Groenlandia con el propósito de la Seguridad Nacional”. Y va más lejos: asegura que si la OTAN no actúa para entregarla a EE.UU., Rusia o China la tomarán primero. “La OTAN se vuelve mucho más formidable y efectiva con Groenlandia en manos de Estados Unidos”, escribió, como si el territorio fuera una pieza de ajedrez y no un hogar de miles de personas.

Pero en Nuuk, la respuesta es clara: “No estamos en venta”. Los groenlandeses, que gozan de autonomía interna desde 2009, rechazan cualquier intento de anexión. Y sus aliados europeos tampoco callan. El ministro de Exteriores de Francia denunció abiertamente lo que llamó “chantaje” de Washington, señalando una creciente incomodidad entre los socios de la OTAN ante la retórica expansionista de la administración Trump.

La reunión de este miércoles entre Vance, el canciller danés Lars Løkke Rasmussen y su homóloga groenlandesa Vivian Motzfeldt será crucial. Para Dinamarca, Groenlandia es parte inseparable de su reino, aunque con autogobierno. Para EE.UU., ya alberga la base aérea de Thule, clave para defensa antimisiles y vigilancia espacial. Pero Trump quiere más: control total, incluso si eso significa romper alianzas históicas.

Detrás de esta obsesión hay cálculos estratégicos: Groenlandia posee minerales críticos para la tecnología, rutas marítimas emergentes por el deshielo del Ártico y una posición única para monitorear movimientos rusos y chinos. Pero también hay una lógica de poder puro: en la visión trumpista, la soberanía de los pequeños no importa si los grandes la desean.

Mientras tanto, la Casa Blanca no descarta la vía militar, según fuentes citadas en medios internacionales. Esta amenaza, aunque velada, ha encendido alarmas en Copenhague, París y Berlín. ¿Hasta dónde llegará Trump para cumplir su sueño ártico? La respuesta podría definir no solo el futuro de Groenlandia, sino la cohesión misma de la alianza occidental.

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