ICE dispara a migrante venezolano en Minneapolis tras enfrentamiento con vecinos

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Tensión en las calles de Minneapolis: cuando una redada migratoria desata violencia y protestas

Minneapolis, Minnesota — Siete kilómetros al norte del lugar donde, según autoridades, un agente del ICE disparó a Renee Good el 7 de enero, otra operación migratoria terminó en caos. La noche del 14 de enero, un agente federal intentó detener a un migrante venezolano que, según el Departamento de Seguridad Nacional (DHS), se encontraba en Estados Unidos “sin permiso”. Lo que siguió fue una secuencia vertiginosa: el hombre huyó en su auto, chocó contra un vehículo estacionado, corrió a pie y se refugió en un complejo de apartamentos. Allí, todo explotó.

Según el comunicado del DHS, dos personas más salieron de un departamento cercano y, armadas con una pala y una escoba, atacaron al agente. “Temiendo por su vida y seguridad mientras estaba siendo emboscado por tres individuos, el oficial disparó un tiro defensivo para defender su vida”, justificó la institución. El proyectil impactó en la pierna del migrante venezolano. Ambos —el agente y el detenido— fueron hospitalizados.

Pero el incidente no terminó allí. En cuestión de horas, las calles de Minneapolis se llenaron de silbatos, consignas y gases lacrimógenos. Manifestantes, muchos de ellos vestidos de negro y con pañuelos en el rostro, denunciaron el uso excesivo de la fuerza por parte de agentes federales y policías locales. “¡No somos criminales! ¡Somos humanos!”, gritaban frente a las unidades del ICE, mientras columnas de humo blanco se elevaban desde esquinas bloqueadas.

El DHS, lejos de asumir responsabilidad, lanzó una acusación directa: culpó al gobernador Tim Walz y a otros líderes de Minnesota de “fomentar la resistencia” contra las operaciones federales. Aseguró que las agresiones a agentes del ICE han aumentado un 1,300% en la región, cifra que, aunque no verificada independientemente, sirve como justificación para intensificar las redadas.

Mientras tanto, las autoridades continúan con sus operativos nocturnos. Esta misma noche, nuevos enfrentamientos se reportaron en barrios del norte de la ciudad, donde agentes federales utilizaron gas lacrimógeno y agentes químicos para dispersar a manifestantes. Los silbatos, símbolo de alerta comunitaria, se han vuelto el sonido dominante en estos vecindarios, especialmente desde el tiroteo de Good, que ya se ha convertido en un punto de inflexión para el movimiento antirredadas.

Detrás de este episodio hay una pregunta urgente: ¿dónde termina la aplicación de la ley y dónde comienza la militarización de la inmigración? Para el gobierno federal, cada operativo es una defensa de la soberanía. Para los residentes de Minneapolis, es una invasión a sus hogares, sus derechos y su dignidad.

En medio del humo y los gritos, una cosa es clara: la política migratoria ya no se debate solo en Washington. Se vive, se siente y se resiste en las calles.

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