Transparencia como bandera: cómo Morena logra el primer cumplimiento total ante el INE en plena era de la Cuarta Transformación
En un contexto político marcado por la desconfianza ciudadana hacia las instituciones partidistas, el Partido Movimiento de Regeneración Nacional (Morena) ha logrado un hito inédito: obtener una calificación del 100% en el cumplimiento de sus obligaciones de transparencia durante el tercer trimestre de 2025, según el dictamen emitido por el Instituto Nacional Electoral (INE).
El resultado no es menor. En un país donde los partidos políticos han sido históricamente señalados por opacidad en el manejo de recursos públicos, esta evaluación representa un parteaguas. El INE, en su informe, reconoció que Morena “cumplió cuantitativamente con la publicación de los formatos inherentes a sus obligaciones de transparencia establecidas en los artículos 65 y 75 de la LGTAIP”, alcanzando así el puntaje máximo posible.
Aunque el organismo electoral aclaró que su valoración no juzga la “calidad e integridad” de la información, sino su publicación oportuna y completa, el logro simbólico es contundente. En un momento en que la Cuarta Transformación impulsa una agenda de austeridad, rendición de cuentas y combate a la corrupción, Morena se posiciona como el primer partido en demostrar —al menos formalmente— que puede operar dentro de los más altos estándares de apertura.
En un comunicado, el partido guinda celebró el resultado como una confirmación de que “nuestro Movimiento actúa con responsabilidad, legalidad y absoluto respeto a la rendición de cuentas en el manejo de los recursos públicos”. Más allá de lo técnico, el mensaje es profundamente político: la transformación no solo se construye con leyes y programas, sino con instituciones confiables y prácticas transparentes.
“En Morena tenemos un compromiso claro con la transparencia como principio ético y político”, afirmó el movimiento, reiterando que “los recursos del pueblo deben administrarse con honestidad y abrirse al escrutinio público”. Esta postura contrasta con décadas de opacidad en el sistema de partidos tradicionales, donde el financiamiento público se convirtió en caja negra para gastos discrecionales, campañas encubiertas y estructuras clientelares.
El logro también llega en un momento estratégico. Mientras avanza la discusión sobre la reforma electoral —que busca reducir el financiamiento público y eliminar privilegios a partidos sin respaldo ciudadano—, Morena refuerza su narrativa de ser un partido distinto: no solo por su origen social, sino por su disciplina institucional.
No obstante, expertos advierten que el verdadero reto no es solo publicar formatos, sino garantizar que la información sea veraz, accesible y comprensible para la ciudadanía. ¿Basta con cumplir al 100% en lo formal? La respuesta dependerá de si los ciudadanos pueden, efectivamente, rastrear cómo se gastan los miles de millones de pesos que recibe anualmente el partido.
Por ahora, Morena ha dado un paso adelante. Y aunque la transparencia no es un destino, sino un camino, este 100% marca una dirección clara: hacia un sistema político donde el poder no se oculta, sino que se expone.
