Menos gasto, más democracia: la reforma electoral que busca democratizar hasta las listas de plurinominales
En una mañana de enero marcada por la promesa de un sistema político más cercano al pueblo, la presidenta Claudia Sheinbaum anunció que la propuesta de Reforma Electoral será presentada a principios de febrero, con un sello distintivo: austeridad sin sacrificar la calidad democrática. Durante su conferencia mañanera del 15 de enero, la mandataria dejó claro que el objetivo no es debilitar las instituciones, sino hacerlas más eficientes, transparentes y participativas.
“Las elecciones en México son de las más caras del mundo, y consideramos que no tienen por qué ser así”, afirmó Sheinbaum, señalando que la iniciativa buscará reducir gastos en partidos, en el INE y en los OPLES, sin afectar la operación de estos órganos autónomos. “Debe ser algo de consenso, de unanimidad. Todos debemos estar de acuerdo en que no deben ser tan onerosas las elecciones”, subrayó, reforzando la idea de que la austeridad no es recorte, sino racionalidad.
Pero el corazón de la reforma late en otro lugar: la democratización de la representación. La presidenta reconoció que, si bien la representación proporcional debe mantenerse para garantizar la voz de las minorías, el modelo actual de plurinominales ha sido secuestrado por las cúpulas partidistas. “Lo que le molesta a la gente es la cosa de la definición de cúpulas… que nunca van a buscar el voto con la gente”, dijo, proponiendo un cambio radical: que los ciudadanos participen en la selección de quienes integran esas listas.
Esta idea rompe con décadas de opacidad interna en los partidos, donde figuras impopulares o desconocidas acceden a curules sin haber pisado una campaña. La reforma busca que los plurinominales no sean premios burocráticos, sino representantes legítimos elegidos —al menos parcialmente— por la base militante o la ciudadanía.
Además, Sheinbaum destacó que la propuesta incluirá mecanismos para fortalecer la democracia participativa: consultas populares, mayor incidencia ciudadana en decisiones nacionales y, en particular, una nueva forma de representación para los mexicanos en el extranjero. “Piden que quienes los representan se elijan por ellos, no por los partidos”, reveló, respondiendo a una demanda histórica de millones de connacionales que viven fuera del país.
Aunque la iniciativa aún no se publica, la presidenta aseguró que respetará la autonomía del INE, despejando temores de quienes ven en la reforma una intención de controlar el árbitro electoral. “Se ha escuchado a todos”, insistió, mencionando expresamente las propuestas de Claudio X. González, Lorenzo Córdova y del propio INE, cuya sugerencia de posponer la Elección Judicial de 2027 a 2028 también fue tomada en cuenta.
La narrativa de Sheinbaum es clara: esta no es una reforma de confrontación, sino de convergencia. Busca equilibrar tres pilares: eficiencia presupuestal, legitimidad representativa y fortalecimiento de la democracia directa. Y aunque sabe que habrá resistencias —especialmente de quienes se benefician del statu quo—, confía en que la propuesta “le va a gustar a todos” porque, en esencia, pone al ciudadano en el centro.
En un momento en que muchos países retroceden en materia democrática, México apuesta por ir más allá del voto: hacia un sistema donde gobernar sea rendir cuentas, y representar sea escuchar.
