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Sheinbaum busca apoyo del PT y PVEM para reforma electoral que democratice las elecciones

La presidenta reafirma su compromiso con una democracia más barata, participativa y representativa, y recuerda su rechazo histórico a ser diputada plurinominal.

En medio de las especulaciones y críticas anticipadas, la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo lanzó un mensaje claro: la reforma electoral que su gobierno prepara no es un ataque a la democracia, sino un esfuerzo por fortalecerla, abaratarla y devolverle el poder al pueblo. Durante su conferencia mañanera, Sheinbaum expresó confianza en que partidos como el Partido del Trabajo (PT) y el Partido Verde Ecologista de México (PVEM) respalden la iniciativa, alineada con los principios históricos del movimiento que encabeza.

“Siempre hemos luchado por la democracia”, afirmó, recordando los combates políticos del pasado: el desafuero de 2005, el fraude electoral de 2006 y la compra de votos en 2012. Para subrayar su trayectoria, mencionó que ayer recibió un ejemplar especial de La Jornada que documenta esa lucha. “Eso es lo que buscamos: fortalecer la democracia, no debilitarla”, insistió.

Con ironía, respondió a quienes ya critican una propuesta que ni siquiera ha sido presentada: “No es muy buena su inteligencia, su investigación, sus informantes… porque todavía no está lista”. Y aunque evitó revelar el texto completo, sí adelantó sus ejes centrales: reducir los costos excesivos de las elecciones, democratizar la representación proporcional y ampliar la democracia participativa.

Uno de los puntos más contundentes fue su denuncia contra el sistema de diputados y senadores plurinominales, al que calificó como un mecanismo de las “cúpulas partidistas” para perpetuarse en el poder. “No puede ser que sean siempre los mismos los que llegan a la Cámara… La gente debe decidir quién la representa”, dijo.

Sheinbaum también reveló un dato personal que refuerza su coherencia: rechazó en dos ocasiones —en 2009 y 2012— ser candidata plurinominal, pese a la invitación directa del entonces líder de la izquierda, Andrés Manuel López Obrador. En aquel entonces, Morena aún no existía como partido; se trataba de una alianza entre PRD, Convergencia (hoy Movimiento Ciudadano) y el PT. “Yo trabajaba en la UNAM como investigadora… siempre le dije que desde ahí podía seguir participando”, explicó. “Nunca me llamó la atención ser diputada o senadora, y menos plurinominal”.

Hoy, esa convicción se traduce en política pública. La mandataria considera “muy importante” establecer candados legales para evitar la infiltración del crimen organizado en procesos electorales y reforzar la fiscalización de recursos para impedir el uso de fondos ilícitos. “No puede ser que, con tantas necesidades en el país, tengamos las elecciones más caras del mundo”, señaló con firmeza.

Además, propuso que los mexicanos en el extranjero puedan elegir directamente a sus legisladores, una medida que ampliaría la inclusión democrática. Y reiteró su apoyo a un Instituto Nacional Electoral autónomo, pero eficiente: “Claro que necesitamos que las elecciones no salgan mal… pero no tienen por qué costar tanto”.

En un momento en que la oposición acusa al gobierno de querer “controlar” las elecciones, Sheinbaum responde con historia, coherencia y propuestas concretas. Su mensaje es doble: por un lado, defiende la autonomía del Estado frente a estructuras partidistas endogámicas; por otro, invita a la izquierda institucional —PT, PVEM, Morena— a construir juntos una democracia más justa, barata y verdaderamente representativa.

Más allá de los tecnicismos, lo que propone es un cambio cultural: que la política deje de ser un privilegio de cúpulas y se convierta en un servicio al pueblo. Y en eso, dice, no hay vuelta atrás.

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