En medio de una escalada geopolítica sin precedentes, México se posiciona como defensor del derecho internacional frente a las ambiciones expansionistas de EE.UU. sobre Groenlandia.
Ciudad de México, 21 de enero de 2026 — Mientras el mundo observa con inquietud las amenazas de Donald Trump de imponer aranceles a países europeos que osaron enviar tropas simbólicas a Groenlandia, la presidenta Claudia Sheinbaum ha trazado una línea clara y firme en la arena diplomática: México no permanecerá en silencio ante violaciones a la soberanía de los pueblos.
Durante su conferencia mañanera, al ser cuestionada sobre la creciente tensión entre Estados Unidos y Europa por la obsesión de Trump con la isla ártica, Sheinbaum no dudó un segundo. “Pues siempre va a ser la misma: soberanía de los pueblos, soberanía de los pueblos, es nuestra Constitución, y siempre debe ser nuestra posición”, respondió con énfasis, repitiendo la frase como un mantra de principios.
Su declaración no es retórica vacía. En un momento en que Trump amenaza con imponer aranceles del 10% —que subirían al 25% en junio de 2026— a naciones como Dinamarca, Francia, Alemania y Reino Unido por realizar maniobras militares en su propio territorio soberano, la postura mexicana resuena como un recordatorio de los cimientos del orden internacional: ningún país, por poderoso que sea, tiene derecho a apropiarse de otro.
El contexto es explosivo. Trump ha insistido en que Groenlandia es un “activo estratégico” para EE.UU. y ha prometido, con tono de ultimátum, que “lo haré, al 100%” si no logra “cerrar el acuerdo” sobre la isla. Pero lo que llama “acuerdo”, para Groenlandia y Dinamarca es una violación flagrante del derecho internacional, ya que el territorio autónomo ha reiterado: “No estamos en venta”.
En este escenario, la voz de México adquiere relevancia moral. Lejos de alinearse con el unilateralismo, Sheinbaum invoca un principio histórico: la Doctrina Estrada, que desde 1930 guía la política exterior mexicana en torno al respeto a la autodeterminación y la no intervención. Defender la soberanía de Groenlandia no es tomar partido contra EE.UU., sino defender el sistema multilateral que protege a todos los países, grandes o pequeños.
Y aunque México no está directamente involucrado en el conflicto ártico, su postura envía un mensaje contundente: en un mundo donde los fuertes imponen su voluntad mediante sanciones económicas y amenazas, los principios siguen siendo la brújula de la diplomacia.
Además, la respuesta de Sheinbaum contrasta con el silencio de otros actores globales. Mientras algunos gobiernos evitan confrontar a Washington por temor a represalias comerciales, México reafirma que la soberanía no es negociable, ni siquiera con el vecino más poderoso.
Esta no es la primera vez que Sheinbaum se posiciona con claridad en temas internacionales. Ya lo hizo al ofrecer apoyo a Guatemala tras su estado de sitio, al enviar ayuda humanitaria a Jamaica y Chile, y al defender a los 40 millones de mexicanos en EE.UU. Pero en esta ocasión, su mensaje trasciende la solidaridad: es una defensa del derecho mismo a existir como nación libre.
Porque, como dijo, la soberanía de los pueblos no es una opción diplomática; es la Constitución. Y en tiempos de imperio, esa frase es revolucionaria.
