Un año después de su regreso al poder, la administración Trump ha redefinido la política estadounidense con órdenes ejecutivas, aranceles, operativos militares y una agenda que prioriza la fuerza sobre la diplomacia, mientras la economía y los derechos humanos se resienten.
Washington, 21 de enero de 2026 — Hace exactamente un año, en una ceremonia discreta dentro del Capitolio —aún marcado por las cicatrices del asalto de 2021—, Donald Trump asumió su segundo mandato con una promesa implícita: venganza. No solo contra sus adversarios políticos, sino contra el orden internacional mismo. Hoy, tras 221 órdenes ejecutivas, operativos militares unilaterales y una ofensiva arancelaria sin precedentes, su gobierno ha transformado a Estados Unidos en un actor impredecible, más cercano a una plutocracia autoritaria que a la democracia que alguna vez encarnó.
Su primer año ha sido un torbellino de decisiones polémicas. En lo económico, el discurso de “América Primero” contrasta con cifras preocupantes: el PIB creció apenas 1.8% en 2025, tras una contracción del -0.3% en el primer trimestre. El cierre gubernamental de 43 días —el más largo de la historia— paralizó servicios, afectó el consumo y ahondó la desconfianza en las instituciones. Mientras tanto, la deuda automotriz superó los 1.6 billones de dólares, con pagos mensuales que superan los 700 dólares, incluso para familias de clase media. La morosidad en créditos subprime alcanzó el 6.5%, el nivel más alto registrado, evidenciando una economía sostenida por el endeudamiento, no por el crecimiento real.
Pero mientras millones luchan por mantener su auto, los más ricos prosperan. Según Oxfam, la riqueza de los 3,000 multimillonarios creció 16.2% en 2025, impulsada por recortes fiscales y un auge bursátil ligado a la inteligencia artificial. La inflación, aunque moderada (3.5–4%), sigue erosionando el poder adquisitivo, y el dólar se debilita en un entorno de alta volatilidad.
En inmigración, Trump retomó su discurso más hostil. En solo nueve meses, el ICE arrestó a 220 mil personas, de las cuales 85 mil eran mexicanas (39% del total). Al menos 75 mil no tenían antecedentes penales, según la Universidad de California Berkeley, lo que contradice la narrativa oficial de “combatir criminales”. Los arrestos diarios se duplicaron respecto a 2024, y hoy 65 mil migrantes permanecen detenidos, mientras otros 182 mil están bajo vigilancia. La muerte de Nicole Good en Minneapolis en enero de 2026 detonó protestas nacionales, pero no cambios en la política.
En el ámbito internacional, Trump ha actuado como un imperio en decadencia que busca imponerse por la fuerza. El 3 de enero de 2026, ordenó un operativo militar unilateral en Venezuela que secuestró al presidente Nicolás Maduro, dejó 100 muertos y violó flagrantemente el derecho internacional. Desde septiembre, 33 embarcaciones han sido atacadas en el Caribe, con 115 fallecidos, sin investigaciones ni rendición de cuentas. Bajo la etiqueta de “narcoterrorismo”, justifica injerencias en México, Colombia y toda América Latina, reinterpretando la Doctrina Monroe como un mandato de dominación hemisférica.
Sus amenazas no se limitan al sur. En junio de 2025, ordenó ataques contra instalaciones nucleares iraníes. Impuso aranceles a más de 80 países, y en 2026 anunció gravámenes del 25% contra naciones que comercien con Irán o apoyen a Groenlandia. Sí, Groenlandia: Trump insiste en que su control es vital para la seguridad ártica, ignorando la soberanía danesa y groenlandesa.
Aunque presume haber “contenido ocho guerras” y facilitado una salida en Ucrania, su gestión ha llevado las tensiones globales a niveles no vistos desde la Segunda Guerra Mundial. Incluso en Gaza, donde especula con el control del territorio en beneficio propio e israelí, su mediación carece de credibilidad.
Mientras tanto, su figura se tambalea. Tras el escándalo de los archivos de Jeffrey Epstein, su renuencia a cooperar y posterior aceptación forzada han generado un profundo descrédito. Encuestas de Reuters muestran que 6 de cada 10 estadounidenses reprueban su gestión.
Así, en el marco de los 250 años de la Declaración de Independencia, Estados Unidos enfrenta una paradoja: nació como defensor de la libertad, pero hoy, bajo Trump, se presenta como garante del caos. Su primer año no fue de reconstrucción, sino de confrontación. Y el mundo, exhausto, se pregunta: ¿hasta dónde llegará?
