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Putin Bromea con Vender Groenlandia como Alaska Mientras Trump Insiste en su “Pedazo de Hielo”.

La Crisis por Groenlandia Adquiere un Tono Iónico: El Presidente Ruso Revive la Venta de Alaska para Comentar la Pugna entre Washington y Copenhague, en un Día de Maniobras Militares y Declaraciones Inflamatorias.

En un giro que mezcla la geopolítica con la ironía histórica, el presidente ruso Vladímir Putin se pronunció este miércoles sobre el escándalo que sacude el Ártico: las ambiciones de Estados Unidos sobre Groenlandia. Con una sonrisa apenas esbozada y un cálculo frío, el mandatario aprovechó para recordarle al mundo, y especialmente a Washington, que Rusia tiene una experiencia única en la materia: la de venderle territorio.

“El asunto de Groenlandia y Estados Unidos no concierne a Rusia”, comenzó Putin, marcando una distancia diplomática inicial. Pero acto seguido, lanzó el dardo: “Pero sí tenemos experiencia resolviendo problemas similares con Estados Unidos”. La referencia era diáfana y cargada de simbolismo: la venta de Alaska en 1867. Con esa mención, el líder ruso transformó una tensión bilateral entre aliados de la OTAN en un escenario donde Moscú aparece como el actor que ya resolvió, siglos atrás, el tipo de transacción que hoy Donald Trump anhela.

Putin, conocido por su precisión táctica, no se limitó a la anécdota. Llevó la broma –o la advertencia– al terreno de los números. Sugirió que si Estados Unidos quiere comprar Groenlandia, el precio debería ser comparable al que pagó por Alaska: entre 200 y 250 millones de dólares de la época. Ajustando a valor actual, dijo, “esta cifra habría sido mayor, probablemente cercana a los mil millones de dólares. Pero creo que Estados Unidos puede manejar esta cifra”. Sus palabras, pronunciadas con aparente desapego, pintaban la adquisición territorial como un simple negocio inmobiliario entre potencias, minimizando la soberanía danesa a un detalle contable.

Mientras Putin ofrecía su peculiar asesoría histórica desde Moscú, en Davos, el presidente Donald Trump daba cuerpo a las ambiciones que motivaban el comentario. Ante el Foro Económico Mundial, Trump redujo la isla más grande del mundo a un objeto de deseo estratégico: “Lo que estoy pidiendo es un pedazo de hielo, muy frío y mal ubicado, que puede desempeñar un papel vital en la paz mundial”. Con esa frase, el mandatario estadounidense pidió “negociaciones inmediatas” para su adquisición, justificándolo en la seguridad internacional y en la tradición expansionista de su país.

Sin embargo, la retórica de “pedazo de hielo” y las “negociaciones” ocultan una realidad más tensa. La administración Trump no ha descartado el uso de la fuerza militar para apoderarse de este territorio autónomo danés, un miembro de la OTAN. Precisamente, y como si la ficción se volviera profecía, varios países europeos han respondido a estas amenazas desplegando contingentes en Groenlandia para realizar maniobras militares. Es una señal clara: lo que para Putin es un recordatorio irónico de un negocio pasado, para Europa es una crisis de seguridad presente.

Al final, las palabras de Putin, entre la indiferencia declarada y la sorna calculada, dejaron una pregunta flotando en el aire gélido del Ártico: ¿Está el mundo ante una nueva era de transacciones territoriales entre grandes potencias? Moscú, que una vez vendió Alaska, ahora observa desde la barrera, recordando a todos que la historia, a veces, se repite primero como tragedia y luego, quizás, como una fría negociación por un “pedazo de hielo”.

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