En una contundente revisión histórica, la presidenta reescribe la transición democrática mexicana para exponer cómo el foxismo usó instituciones para frenar el ascenso de López Obrador y preservar el modelo neoliberal.
Ciudad de México, 21 de enero de 2026 — La conferencia mañanera de este martes se convirtió en un tribunal de la historia reciente. Con voz firme y datos precisos, la presidenta Claudia Sheinbaum desmontó uno de los mitos fundacionales de la “transición democrática” en México: la figura de Vicente Fox como símbolo del cambio. Lejos de ser un reformador, afirmó, Fox fue un traidor a la democracia, un presidente que, tras llegar al poder con la esperanza de millones, se convirtió en el artífice de una persecución política para impedir que Andrés Manuel López Obrador llegara a la presidencia.
“En el 2000 la gente piensa que Fox es una alternativa y vota por él. Después viene la traición a la democracia de Fox, porque él es quien organiza el desafuero contra López Obrador”, dijo Sheinbaum, recordando que el entonces jefe de Gobierno del Distrito Federal había ganado popularidad por su gestión honesta y eficaz. Pero en lugar de respetar esa voluntad popular, Fox —según la mandataria— vio en AMLO una amenaza al proyecto panista y al statu quo neoliberal.
El punto de inflexión llegó en 2004, cuando el gobierno foxista impulsó un desafuero contra López Obrador por una supuesta irregularidad al autorizar la apertura de una calle frente a un hospital privado en el centro de la Ciudad de México. “Inventó un delito por haber abierto una calle a un hospital”, denunció Sheinbaum, subrayando que el caso carecía de sustento legal. “Fíjense: Fox, el que habla de democracia, fue el que le inventó el delito a AMLO, él y su camarilla… estaba Salinas de Gortari ahí”, agregó, vinculando al expresidente priista con la operación política.
La maniobra buscaba inhabilitar a López Obrador para las elecciones de 2006. Pero lo que no previeron fue la respuesta del pueblo. “La movilización es en todo el país, ya no solo en la ciudad”, recordó Sheinbaum. Millones salieron a las calles, y la presión social obligó a Fox a echarse para atrás. “‘Eso como lo voy a parar’, dijo”, narró, citando el desconcierto del entonces presidente ante la magnitud de la protesta.
Pero la batalla no terminó ahí. Sheinbaum aseguró que, tras la elección de 2006, en la que AMLO obtuvo una ventaja clara según conteos rápidos y encuestas, se cometió un fraude electoral para entregar la presidencia a Felipe Calderón. Y señaló directamente a los hoy autoproclamados “defensores de la democracia”: Luis Carlos Ugalde, Vicente Fox y Felipe Calderón. “Son los mismos que ahora se venden como expertos en democracia”, dijo con ironía.
Su discurso no fue solo una acusación; fue una reivindicación histórica. Sheinbaum trazó una línea clara entre dos eras: la del neoliberalismo encubierto de democracia, donde el fraude, el dedazo y la corrupción se disfrazaron de alternancia; y la de la Cuarta Transformación, que nació precisamente para romper con ese sistema. “La gente creyó en un cambio que nunca llegó”, sentenció.
En un momento en que la oposición intenta capitalizar el discurso democrático, la presidenta eligió contar la verdad incómoda: quienes hoy critican al gobierno son los mismos que usaron las instituciones para perseguir, mentir y robarle la presidencia al pueblo. Y frente a eso, su mensaje es claro: la verdadera democracia no es retórica, sino justicia, memoria y pueblo organizado.
