Blatter llama a boicotear el Mundial 2026 en EE.UU. por políticas de Trump

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De la cancha a la protesta: El expresidente de la FIFA se suma al llamado de boicot contra el Mundial en Estados Unidos

El mundo del fútbol internacional se ve sacudido por una polémica que trasciende el deporte. El pasado 26 de enero, Joseph Blatter, el expresidente de la FIFA que renunció en medio de un escándalo de corrupción en 2015, volvió al centro de la controversia. Esta vez, no por acusaciones judiciales, sino por una toma de posición política radical: a través de su cuenta en X, respaldó abiertamente un llamado a boicotear la Copa del Mundo de la FIFA 2026, que se celebrará en Estados Unidos, Canadá y México. Su crítica apunta directamente al clima político creado por el presidente Donald Trump y su administración.

Blatter no actuó solo. Su mensaje fue un respaldo explícito a las declaraciones del abogado suizo y experto en anticorrupción, Mark Pieth. En una entrevista con el medio Der Bund, Pieth había sido contundente: “sólo hay un consejo para los aficionados: ¡Manténganse alejados de EE.UU.! Y al llegar, deben esperar que si no complacen a los oficiales, serán enviados directamente en el próximo vuelo a casa, si tienen suerte”. Blatter citó estas palabras y añadió: “creo que Mark Pieth tiene razón al cuestionar esta Copa del Mundo”. La ironía es palpable: Pieth fue quien presidió el comité de reforma de la FIFA tras la caída de Blatter. Ahora, ambos coinciden en una crítica feroz al anfitrión del próximo megaevento.

Las razones del boicot, según sus promotores, son múltiples y graves. Se señala la postura expansionista de Trump sobre Groenlandia, las polémicas prohibiciones de viaje (que afectan a países como Senegal, Costa de Marfil, Irán y Haití) y, sobre todo, las “tácticas agresivas” en el trato a migrantes y manifestantes, como los ocurridos en Minneapolis. Este clima, advierten, hace de Estados Unidos un lugar hostil para aficionados internacionales. Oke Göttlich, presidente del FC St. Pauli y vicepresidente de la federación alemana, elevó el tono al afirmar que era hora de considerar seriamente un boicot, mostrando que el malestar permea en figuras clave del fútbol europeo.

La crónica que se escribe es la de un Mundial bajo la sombra de la política más divisiva. Mientras la FIFA promueve un mensaje de unidad, sus expresidentes y figuras influyentes cuestionan la idoneidad moral del anfitrión principal. El llamado de Blatter, una figura polémica pero con peso histórico, le da una resonancia inesperada a la protesta. Plantea una pregunta incómoda: ¿puede el fútbol global celebrar su fiesta más grande en un país cuyas políticas, según estos críticos, son abiertamente discriminatorias y excluyentes? El balón está en el campo, pero el juego se ha vuelto profundamente político.

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