El posicionamiento partidista: Morena hace de la solidaridad con Cuba un pilar de su política exterior
En medio de una creciente tensión geopolítica, la voz de un partido político mexicano se alzó para trazar una línea en la arena. El Comité Ejecutivo Nacional de Morena emitió un posicionamiento público que, más que una simple declaración, fue un manifiesto de principios de su política exterior. El mensaje era claro y se dirigía a dos audiencias: a la comunidad internacional y al pueblo mexicano. Expresó su “solidaridad con el pueblo cubano” y lanzó un llamado a que las decisiones en política exterior tengan como “eje central el bienestar de las personas”, rechazando de plano lo que calificó como “imposición” y “castigo colectivo” a través de sanciones económicas, en una clara alusión a los recientes aranceles anunciados por Estados Unidos.
La crónica de esta postura se construyó sobre una crítica concreta y de fondo. Morena advirtió que “la aplicación de aranceles contra países que mantienen esquemas de cooperación energética con Cuba no contribuye a la estabilidad internacional”. Pero su argumento más fuerte fue humanitario: estas medidas, afirmaron, “profundizan el daño social y humanitario en la región”. El partido delineó un mecanismo de sufrimiento: los aranceles no afectan a los gobiernos en sus palacios, sino que impactan directamente “a los pueblos”, limitando “el acceso a servicios esenciales como la energía, la salud y la alimentación”. Con esto, Morena no solo cuestionaba una política, sino que la presentaba como una violación de “principios básicos del derecho internacional”.
Este posicionamiento también sirvió para un acto de lealtad política interna. Morena reiteró su “respaldo absoluto a la Presidenta Claudia Sheinbaum Pardo y a la política exterior que ha encabezado”. Esta política, según el partido, se basa en “el diálogo, la diplomacia y el respeto mutuo”, que describieron como las “únicas vías legítimas para evitar crisis humanitarias y preservar la paz regional”. La declaración cerró reafirmando los pilares ideológicos del partido: “la soberanía de los pueblos, la autodeterminación de las naciones y una América Latina que defienda su dignidad sin someterse a presiones externas”.
La crónica no estaría completa sin su eco en las redes sociales. El mensaje fue rápidamente secundado por la presidenta nacional de Morena, Luisa Alcalde, quien lo replicó en sus cuentas, fusionando así la voz institucional del partido con su liderazgo visible. La frase final del comunicado, “Creemos en la paz que se construye desde el diálogo y el respeto”, y la aclaración de que esa es “la posición de Morena y, también, la posición de México”, buscó proyectar una unidad monolítica: la del partido en el gobierno, con su presidenta al frente, y la del Estado mexicano, defendiendo una tradición diplomática frente a la presión de su poderoso vecino del norte.
