El mundo sin frenos nucleares: el colapso del último tratado que nos protegía

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EE.UU. y Rusia se quedan sin límites en sus arsenales atómicos por primera vez en medio siglo.

La cuenta regresiva terminó a las 00:00 horas del jueves. Sin ceremonias ni declaraciones conjuntas, expiró el Nuevo START, el último tratado que limitaba los arsenales nucleares de las dos potencias atómicas más grandes del planeta. En Washington, Donald Trump había anticipado el desenlace días antes: “En lugar de prorrogar el Nuevo START —un acuerdo mal negociado que además está siendo gravemente violado—, nuestros expertos nucleares deberían trabajar en un nuevo tratado mejorado y modernizado”, escribió en Truth Social.

El comunicado ruso llegó con frialdad técnica. El Ministerio de Relaciones Exteriores declaró que “las partes ya no están vinculadas por ningún compromiso ni declaración simétrica en el contexto del tratado”. Moscú aseguró que actuará “de manera responsable y ponderada”, pero el mensaje era claro: el marco legal que durante 14 años contuvo la carrera armamentista desapareció sin reemplazo inmediato.

El Nuevo START, firmado el 8 de abril de 2010 por Dmitri Medvédev y Barack Obama, establecía límites concretos: 700 portadores estratégicos desplegados, 1.550 ojivas nucleares activas y 800 lanzadores totales. En febrero de 2021, Joe Biden lo prorrogó cinco años sin condiciones. Pero las tensiones por Ucrania y acusaciones mutuas de incumplimiento erosionaron el acuerdo hasta su colapso definitivo.

La portavoz de la Casa Blanca, Karoline Leavitt, reiteró la postura trumpista: “El presidente quiere que nuestros expertos nucleares trabajen en un tratado nuevo mejorado y modernizado que pueda perdurar en el futuro. Y eso es lo que Estados Unidos seguirá discutiendo con los rusos”. Sin embargo, Moscú condiciona cualquier diálogo a un “análisis minucioso de la política militar de Estados Unidos”.

El asistente presidencial ruso, Yuri Ushakov, reveló que Vladímir Putin abordó el tema en su conversación del jueves con Xi Jinping. “Actuaremos de manera ponderada y responsable, basándonos en un análisis minucioso de la situación general en materia de seguridad. Seguimos abiertos a buscar vías de negociación”, afirmó. Pero el portavoz del Kremlin, Dmitri Peskov, lanzó una advertencia escalofriante: “Dentro de unos pocos días el mundo probablemente quedará en una situación más peligrosa que hasta ahora”.

Por primera vez desde 1972 —cuando entró en vigor el primer tratado SALT—, Washington y Moscú carecen de un documento vinculante que limite, verifique o controle sus arsenales nucleares estratégicos. Los satélites de vigilancia seguirán orbitando, los inspectores permanecerán en tierra y los misiles permanecerán en silos, pero sin el respaldo de un acuerdo que obligue a la transparencia.

Analistas del Instituto Internacional de Estudios para la Paz de Estocolmo advierten que ambos países poseen más de 10.000 ojivas nucleares en sus arsenales combinados. Sin el Nuevo START, desaparece el mecanismo de intercambio de datos que permitía verificar en tiempo real el número de lanzadores desplegados. La confianza mutua, ya frágil, se evapora por completo.

En Pekín, observan con atención. China, que nunca adhirió a límites nucleares bilaterales, podría acelerar su programa de modernización atómica ante el vacío regulatorio. Corea del Norte y otros actores regionales perciben una señal: el orden nuclear unipolar colapsa sin sustituto visible.

El mundo entra en una era de incertidumbre estratégica donde la disuasión nuclear depende únicamente de cálculos políticos y no de compromisos legales verificables. Mientras Trump promete un “tratado mejorado” y Putin exige garantías de seguridad, millones de personas viven bajo la sombra de arsenales sin frenos. El reloj del juicio final nunca estuvo tan cerca de la medianoche.

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