Acusaciones de “narcopolíticos” en el Capitolio mientras el líder priista enfrenta desafuero en México

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Moreno cruzó la frontera para denunciar corrupción ajena ante legisladores estadounidenses mientras acumula señalamientos propios que amenazan su inmunidad parlamentaria.

El micrófono del Capitolio amplificó una paradoja política inédita. Mientras Alejandro Moreno enfrenta investigaciones por presunta corrupción que lo sitúan al borde de perder su fuero en México, el dirigente del PRI cruzó la frontera norte para señalar con el dedo a sus adversarios. “Narcopolíticos de Morena enquistados en el poder”, declaró ante congresistas estadounidenses en una frase que resonó como boomerang en su propia trayectoria.

El recorrido de trabajo —así lo definió el priista— se extendió lunes y martes por Washington D.C., donde sostuvo encuentros con cuatro legisladores: María Elvira Salazar, Carlos Giménez, Lou Correa y Zach Nunn. Las agendas oficiales mencionaban cooperación en seguridad y el tratado comercial T-MEC como ejes centrales. Pero las conversaciones derivaron hacia terreno electoral mexicano cuando Moreno incorporó sus denuncias contra la administración actual como parte sustancial de los temas expuestos.

La contradicción emergió con fuerza propia. El mismo hombre que exige “acabar” con estructuras de poder cuestionadas encabeza una organización política que gobernó México durante siete décadas bajo múltiples escándalos de corrupción documentados. Mientras pedía operaciones coordinadas entre ambos países para combatir organizaciones criminales, omitió explicar cómo su partido históricamente gestionó esas mismas dinámicas durante su prolongado dominio institucional.

Las redes sociales del dirigente difundieron imágenes protocolarias del encuentro, acompañadas de mensajes donde aseguraba defender “el interés de nuestra Nación” y buscar “respeto y liderazgo” para México en la región. Sin embargo, legisladores presentes notaron el contraste entre el discurso de soberanía nacional y la decisión de trasladar críticas políticas internas a foros extranjeros, especialmente cuando esas acusaciones carecen de sustento probatorio presentado ante autoridades mexicanas competentes.

El encuentro terminó con Moreno expresando respaldo a mecanismos binacionales de seguridad, pero dejando una pregunta flotando en el aire del Capitolio: ¿puede quien enfrenta procesos de desafuero por presunta corrupción erigirse como fiscal moral de su país ante potencias extranjeras? Cuatro congresistas escucharon. Ninguno respondió públicamente. Las cámaras captaron el momento. México observó desde la distancia cómo su crisis interna se convertía en materia de conversación diplomática transfronteriza.

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