Ícono del sitio Nenka media

La FGR investiga si la minera canadiense facilitó el secuestro de sus propios trabajadores

Cuauhtémoc, Ciudad de México, México, 13 de febrero de 2026. La doctora Claudia Sheinbaum Pardo, presidenta Constitucional de los Estados Unidos Mexicanos en conferencia de prensa matutina, “Conferencia del Pueblo” en el Salón Tesorería de Palacio Nacional. La acompañan Claudia Curiel de Icaza, secretaria de Cultura; Karina Lujan Lujan, directora general del Instituto Nacional del Derecho de Autor (INDAUTOR); Daniela Alatorre Benard, directora general del Instituto Mexicano de Cinematografía (IMCINE); Bulmaro Juárez Pérez, divulgador de lenguas originarias, presentador de la sección “Suave Patria”. Foto: Saúl López / Presidencia

Sheinbaum ordenó indagar condiciones laborales y posibles negligencias mientras cuatro detenidos alegan “confusión” al confundir mineros con rivales del narcotráfico en Sinaloa.

Cuatro detenidos hablan. Diez familias esperan. Y una pregunta flota en el aire enrarecido de Concordia, Sinaloa: ¿protegió la empresa a sus trabajadores o los expuso deliberadamente al territorio controlado por Los Chapitos? La Fiscalía General de la República abrió una línea de investigación inusual: determinar si Vizsla Silver, compañía canadiense dueña de la mina, carga con responsabilidad en el secuestro de sus diez empleados. No se trata solo de perseguir a los captores —cuatro integrantes de una célula identificados— sino de escrutar las decisiones corporativas que llevaron a civiles desarmados a zonas de alto riesgo sin blindajes ni protocolos de seguridad visibles.

Sheinbaum desmontó con firmeza la versión inicial de los detenidos. Durante su conferencia matutina, la presidenta subrayó que “no se le va a creer solamente al detenido”. La investigación, explicó, exige contrastar testimonios con familiares, otros trabajadores mineros y representantes de la industria para reconstruir las condiciones exactas bajo las cuales ocurrió el plagio. Los cuatro arrestados alegaron haber confundido a las víctimas con miembros de un grupo rival del narcotráfico, pero la mandataria advirtió: “Eso no quiere decir que no se sigan otras líneas”. La frase resonó como advertencia silenciosa a empresas que operan en territorios disputados por el crimen organizado.

El punto de máxima tensión emergió al vincular seguridad laboral con responsabilidad penal. Sheinbaum anunció que su gobierno analizará “la condición laboral de los mineros” para establecer si existieron omisiones en protección física, rutas de traslado o comunicación con autoridades locales. Paralelamente, ordenó al secretario García Harfuch dialogar con la Cámara de la Industria Minera para mapear patrones de extorsión que afectan al sector —un delito que ahora se persigue de oficio como parte de la estrategia nacional contra la criminalidad que asfixia a pequeños y medianos empresarios.

Mientras los equipos forenses recorren el sitio del secuestro, una sombra se proyecta sobre la industria extractiva en zonas de conflicto: ¿hasta qué punto las corporaciones extranjeras calculan riesgos humanos como costos operativos asumibles? La respuesta determinará no solo el destino de diez mineros, sino el marco regulatorio que obligará a empresas a blindar vidas antes que utilidades. Sheinbaum lo dejó claro: el Estado mexicano no aceptará que trabajadores paguen con su integridad los errores de quienes los enviaron a territorios sin garantías mínimas de seguridad.

Salir de la versión móvil