
Sheinbaum ordena despliegue masivo con meta de 2.5 millones de aplicaciones semanales, priorizando a menores de seis meses a doce años mientras adultos mayores de cincuenta quedan fuera del foco principal.
Veintisiete millones de biológicos aguardan en cámaras de refrigeración distribuidas estratégicamente por el territorio nacional. La cifra duplica con creces las quince millones inicialmente previstas y representa el arsenal con el que el gobierno federal emprenderá una ofensiva sin precedentes contra el resurgimiento del sarampión. La presidenta Sheinbaum delineó durante encuentro virtual con mandatarios estatales el eje central de la estrategia: proteger con carácter de urgencia a la población infantil comprendida entre los primeros seis meses de vida y los doce años de edad.
El dispositivo operativo contempla una presencia visual contundente en espacios educativos fundamentales. Carteles informativos ocuparán muros de jardines de niños y escuelas primarias para guiar a progenitores hacia los centros de salud, puntos neurálgicos donde se concentrará la mayor parte de las aplicaciones. Aunque reconocieron que los adultos acuden espontáneamente a estos recintos, la instrucción presidencial fue clara: redoblar esfuerzos comunicativos dirigidos específicamente a familias con niñas y niños en el rango prioritario.
Once entidades federativas enfrentan una dinámica epidemiológica distinta que obligó a ampliar temporalmente el espectro poblacional. En estos territorios, donde los contagios entre personas adultas muestran tendencia ascendente, las autoridades sanitarias autorizaron la inmunización de individuos hasta los cuarenta y nueve años de edad. Esta medida excepcional responde a patrones de transmisión localizados que no representan la norma nacional.
El dato epidemiológico más revelador emergió al contrastar grupos etarios: la prevalencia entre mayores de cincuenta años resulta prácticamente residual. Pese a que técnicamente podrían recibir la dosis, la escasez relativa de biológicos —aunque aumentada— obliga a decisiones tácticas basadas en evidencia. Los recursos se canalizan hacia segmentos donde el virus encuentra mayor susceptibilidad y capacidad de propagación comunitaria.
La meta operativa fijada por la mandataria adquiere dimensiones monumentales: dos millones quinientas mil aplicaciones cada siete días. Para alcanzar este ritmo, se requiere sincronización perfecta entre logística federal, capacidad operativa estatal y movilización social en puntos estratégicos. El éxito del plan determinará si México logra contener el rebrote antes de que el virus encuentre nuevos reservorios poblacionales.
Mientras las cámaras frigoríficas almacenan el arsenal defensivo, el reloj epidemiológico avanza. Cada día sin inmunización representa una ventana de oportunidad para el patógeno. La apuesta gubernamental es clara: blindar primero a quienes más vulnerables son, con la certeza de que proteger a la infancia es proteger el futuro colectivo.